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UC1. Análisis funcional y diseño de un plan terapéutico para un caso clínico

Taig Mac Carthy

Universidad Internacional de Valencia (VIU)

Intervención y Tratamientos Psicológicos · Grado en Psicología

Prof. Sara Fernández Benítez

Marzo 2026

Introducción

La formulación clínica de un caso constituye la pieza central del trabajo del psicólogo clínico, ya que articula la evaluación con la intervención mediante una teoría psicológica que explica la adquisición y el mantenimiento del sufrimiento del paciente (Graña-Gómez, 2005; Keawe et al., 2013). El análisis funcional, en tanto método de descripción relacional de los problemas en torno al esquema antecedentes–conducta–consecuencias, permite identificar las variables independientes que el psicólogo debe modificar para que la variable dependiente —el malestar clínicamente significativo— remita (Haynes y O'Brien, 2000; Ruiz et al., 2017).

La presente actividad desarrolla el caso clínico de F., varón de 56 años que acude a consulta por una sensación de vacío existencial, agotamiento emocional y aislamiento autoimpuesto, en el contexto de pérdidas significativas no elaboradas y de una historia de exigencia parental sostenida desde la infancia. El trabajo se estructura en dos grandes apartados, en línea con el enunciado de la asignatura: en primer lugar, se elabora la ficha técnica del caso —datos personales, motivo de consulta, análisis longitudinal del problema, antecedentes personales y familiares, datos psicobiográficos, tratamientos previos, aficiones y refuerzos, análisis funcional con organismo, hipótesis diagnóstica y diagnóstico diferencial—; en segundo lugar, se diseña un plan terapéutico que detalla objetivos, encuadre, número y duración de sesiones, lugar, metodología, materiales, presupuesto y técnicas concretas justificadas por el análisis funcional.

El caso seleccionado se enmarca en el espectro de los trastornos afectivos con elementos de duelo complejo persistente y posibles riesgos relacionados con la pérdida de sentido vital; se trata, por tanto, de un cuadro clínico de especial relevancia formativa para el psicólogo en formación, ya que exige integrar marcos teóricos complementarios —análisis funcional cognitivo-conductual, modelo de duelo y aportaciones del enfoque humanista-existencial— y planificar la intervención atendiendo a la seguridad del paciente, la psicoeducación y la reconstrucción del proyecto vital (Ferre Navarrete, 2012; Kübler-Ross, 1969; Yalom, 2002).

Ficha técnica del caso

Datos personales

A continuación, se sintetizan los datos sociodemográficos relevantes del paciente recogidos durante la primera entrevista clínica:

VariableDescripción
Nombre y códigoF. (caso anonimizado)
Edad56 años
SexoHombre
NacionalidadEspañola
Estado civilDivorciado; relación de pareja actual sin convivencia
Nivel de estudiosSuperiores universitarios
ProfesiónRedactor en una revista
Situación laboralActivo, con responsabilidad editorial significativa
Lugar de residenciaVivienda unifamiliar aislada en la periferia
ConvivenciaVive solo
HijosUn hijo varón mayor de edad (fruto del matrimonio anterior)
Apoyo familiarEscaso; ambos progenitores fallecidos; vínculo con el hijo deteriorado
Apoyo socialLimitado; tendencia al aislamiento autoimpuesto
DerivaciónIniciativa propia

Motivo de consulta

F. acude a consulta de manera espontánea expresando, con sus propias palabras, "una sensación de vacío existencial". Refiere encontrarse "cansado", sentir un agotamiento emocional sostenido y describe su situación vital con frases como "ya no me queda nada" y "no sé cuál es el siguiente paso… solo intento sobrevivir". Verbaliza, asimismo, una desconfianza generalizada hacia los demás ("nunca he podido confiar en nadie de verdad") y un sentimiento crónico de no encajar ("siempre he sido el raro").

Análisis detallado del problema

Inicio y evolución (evaluación longitudinal)

El malestar se gesta en la infancia, en un contexto familiar marcado por la elevada exigencia de unos padres huérfanos que depositaban en F. expectativas de rendimiento desmesuradas. Desde edades tempranas el paciente describe la sensación de "ser el raro" y de haber renunciado a explorar sus propias necesidades para satisfacer las del entorno. Durante la adultez temprana logra una carrera profesional sólida, se casa y tiene un hijo. La primera pérdida significativa documentada se produce cuando el hijo cumple los 7 años, momento en que se desencadena el deterioro del vínculo conyugal y, posteriormente, el divorcio.

A lo largo de la adultez media F. acumula pérdidas no elaboradas: el fallecimiento de ambos progenitores, la disolución del matrimonio y el alejamiento progresivo del hijo. En el momento actual (56 años) presenta un cuadro de agotamiento emocional, anhedonia parcial, desesperanza y pérdida de sentido vital que se ha cronificado y que el propio paciente verbaliza como "vacío existencial". Ha realizado un tratamiento previo cognitivo-conductual sin éxito clínicamente significativo, lo cual constituye un factor pronóstico a tener en cuenta.

Factores predisponentes

Los factores predisponentes identificados configuran una vulnerabilidad psicológica desarrollada a lo largo del ciclo vital:

  • Estilo de crianza exigente y poco validante: padres con expectativas de alto rendimiento, vinculados a su propia historia de orfandad, que dificultaron el desarrollo de un apego seguro y la individuación psicológica (Mahler et al., 1977).
  • Esquema temprano de "diferencia/aislamiento": identidad construida sobre la idea de "ser el raro", con renuncia sistemática a las necesidades propias para sostener la imagen idealizada que los progenitores demandaban.
  • Estilo de afrontamiento sobreadaptativo: tendencia al sobreesfuerzo y a la sumisión a la exigencia externa, con escasa permisividad para el descanso y el autocuidado.
  • Estilo cognitivo pesimista y desconfiado: tendencia a inferencias arbitrarias y a la generalización ("los humanos somos una plaga enferma", "todos son egoístas"), congruentes con el patrón cognitivo descrito por Beck en la depresión (Beck et al., 1996).

Factores precipitantes o desencadenantes

El cuadro actual se ve activado por la convergencia de varios desencadenantes:

  • Pérdidas afectivas acumuladas no elaboradas: fallecimiento de los progenitores, divorcio y distanciamiento del hijo, configurando un duelo múltiple que se cronifica al no ser procesado.
  • Cambio del rol parental: la entrada del hijo en la adolescencia/adultez y su alejamiento confrontan a F. con la pérdida de la función parental, que había operado como sostén identitario.
  • Crisis del sentido vital propia de la edad media: la transición vital de los 50–60 años pone en primer plano la pregunta por el propio proyecto, lo que choca con la historia de renuncia a las necesidades propias.

Factores mantenedores

Los factores que perpetúan el cuadro y que constituyen los principales objetivos de intervención son:

  • Aislamiento autoimpuesto (vivienda aislada, evitación de la interacción social), que reduce las oportunidades de refuerzo positivo natural y refuerza negativamente la evitación (refuerzo negativo).
  • Esquemas cognitivos desadaptativos: pensamientos arbitrarios y sobregeneralizaciones sobre los demás y sobre sí mismo que sostienen la desconfianza y la desesperanza.
  • Sobreadaptación laboral: el paciente "sigue aguantando como puede" en un trabajo de alta responsabilidad que opera como refuerzo del esquema de exigencia y bloquea el contacto con sus necesidades reales (fatiga sostenida).
  • Beneficios secundarios: el rol del "raro" y del sacrificio confieren a F. un cierto estatus identitario que dificulta el cambio ("¿qué aporta el sacrificio para satisfacer a otros?").
  • Estilo de afrontamiento evitativo emocional: incapacidad para permitirse explorar y validar sus propias necesidades, lo que cierra el acceso a la regulación emocional adaptativa.

Antecedentes personales

No se documentan antecedentes médico-orgánicos relevantes ni consumo de tóxicos significativo. F. describe un desarrollo evolutivo dentro de la normalidad, sin enfermedades graves en la infancia. Refiere, en cambio, un patrón de sobreadaptación escolar y académica: rendimiento por encima de la media, ausencia de conductas disruptivas y una identidad escolar marcada por la sensación de no encajar. En la adolescencia y la adultez temprana no se reportan episodios depresivos mayores claramente delimitados, aunque sí un fondo distímico crónico de baja intensidad compatible con un trastorno depresivo persistente subclínico.

Antecedentes familiares

Los progenitores de F. eran ambos huérfanos, con probable cuadro de duelo no elaborado en su propia biografía y un estilo educativo marcado por la sobreexigencia. No constan diagnósticos psiquiátricos formales en familiares de primer grado, si bien las descripciones del paciente sugieren rasgos depresivos y de exigencia perfeccionista en la línea materna. No se documentan antecedentes de suicidio consumado ni conductas autolíticas en la familia.

Datos familiares (genograma y relaciones)

El genograma sintetiza la red familiar nuclear y los principales vínculos relevantes para la formulación del caso:

Las relaciones predominantes en el genograma son de distancia emocional, ruptura o pérdida, sin figuras de apego seguro identificables en la red actual. La ausencia de vínculos contenedores constituye, simultáneamente, un factor de mantenimiento y un objetivo de intervención prioritario.

Datos psicobiográficos significativos

A lo largo de la biografía del paciente destacan los siguientes hitos:

  • Infancia marcada por la exigencia parental y la sensación de no encajar.
  • Trayectoria académica y profesional exitosa pero sobreadaptativa.
  • Matrimonio y nacimiento del hijo; ruptura conyugal cuando el hijo cumple los 7 años, vivida como una traición y una decepción.
  • Fallecimiento de ambos progenitores en la adultez media, sin que conste un proceso de duelo elaborado.
  • Distanciamiento progresivo del hijo durante la adolescencia y adultez de este.
  • Decisión voluntaria de mudarse a una vivienda aislada como estrategia de seguridad percibida frente a un mundo vivido como amenazante.
  • Inicio reciente de una relación de pareja sin convivencia, vivida con escasa implicación afectiva y con dificultad para confiar.

La personalidad premórbida del paciente puede describirse como introvertida, responsable, perfeccionista y con tendencia a la sobreadaptación, con dificultades para la expresión emocional y para la asertividad.

Tratamientos anteriores

F. refiere haber recibido un tratamiento previo de Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) que valora como ineficaz. Este antecedente exige una reflexión clínica importante: la falta de respuesta a un tratamiento basado fundamentalmente en la reestructuración cognitiva sugiere que la intervención no abordó suficientemente las dimensiones relacional, vincular y existencial del caso (Yalom, 2002), aspectos que el presente plan terapéutico incorpora de manera explícita. No constan tratamientos farmacológicos previos ni hospitalizaciones psiquiátricas.

Aficiones, ocio y refuerzos

El paciente describe un repertorio de actividades reforzantes notablemente empobrecido. Manifiesta añorar "las cosas sencillas" y aprecia la responsabilidad de su trabajo, aunque la vive con agotamiento. No reporta actividades de ocio sistemáticas, contactos sociales regulares ni práctica deportiva. Este empobrecimiento del repertorio de refuerzos positivos constituye, por sí mismo, un mantenedor del estado anímico bajo y un objetivo de la activación conductual.

Análisis funcional

Formulación

El análisis funcional descriptivo organiza la información clínica en torno al esquema Estímulo – Organismo – Respuesta – Consecuencias a corto plazo – Consecuencias a largo plazo (Haynes y O'Brien, 2000; Keawe et al., 2013), e integra la triple respuesta cognitiva, emocional y conductual descrita por la tradición cognitivo-conductual (Ruiz et al., 2017).

Variables del organismo (O)

Las variables del organismo —relativamente estables y resistentes al cambio inmediato— configuran la vulnerabilidad sobre la que operan los estímulos actuales. En F. se identifican las siguientes:

  • Vulnerabilidad cognitiva: esquema temprano de diferencia/aislamiento y desconfianza interpersonal; estilo atribucional pesimista con sesgos de generalización e inferencia arbitraria.
  • Vulnerabilidad afectiva: estilo de apego inseguro-evitativo derivado de un vínculo parental exigente y poco validante (Mahler et al., 1977).
  • Estilo de afrontamiento: sobreadaptación, evitación experiencial, dificultad para la autovalidación emocional.
  • Variables biológicas: edad (56 años, periodo de transición vital), sin patología somática conocida, sin consumo de tóxicos.
  • Historia de aprendizaje: refuerzo histórico de la sobreadaptación y castigo encubierto de la expresión de las necesidades propias.

Tabla de análisis funcional

La tabla siguiente recoge las principales secuencias funcionales del caso, integrando las cinco situaciones-problema más relevantes para la conceptualización del cuadro:

Estímulo (antecedente)OrganismoRespuesta (conductual / emocional / cognitiva)Consecuencias a corto plazoConsecuencias a largo plazo
Recuerdo de la exigencia parental / autoexigencia laboralEsquema de exigencia; vulnerabilidad cognitiva al perfeccionismoC: sobreesforzarse en el trabajo, asumir más responsabilidades. E: tensión, fatiga sostenida. Cog: "nunca hice lo que quise", "sigo aguantando como puedo"Aprobación externa, alivio momentáneo de la culpa, sensación de controlAgotamiento emocional crónico, desconexión de las propias necesidades, mantenimiento del esquema de exigencia
Recuerdo del divorcio y de la decepción con la exmujerApego inseguro-evitativo; duelo no elaboradoC: evitación de la intimidad, no convivir con pareja actual. E: tristeza, decepción, ira contenida. Cog: "nunca he podido confiar en nadie de verdad"Reducción inmediata del miedo a ser herido, sensación de seguridadAislamiento afectivo, imposibilidad de elaborar el duelo, cronificación de la desesperanza relacional
Pérdida de los progenitores y distanciamiento del hijoDuelo múltiple no procesado; pérdida del rol parentalC: retraimiento, abandono del contacto. E: vacío, llanto contenido, "reacción emocional fuerte" al hablar del hijo. Cog: "perdí a mis padres… perdí a mi mujer… he luchado por estar cerca de mi hijo, pero al final siento que se ha alejado"Evitación temporal del dolor agudo del dueloDuelo complejo persistente, pérdida de sentido vital, sintomatología depresiva
Interacción social cotidiana (compañeros, vecinos, pareja)Esquema de diferencia/aislamiento; desconfianza interpersonalC: evitación de la interacción; mudanza a vivienda aislada. E: incomodidad, sensación de amenaza. Cog: "los humanos somos una plaga enferma… todos son egoístas… no hay un lugar para mí"Refuerzo negativo (alivio inmediato de la ansiedad social), sensación de seguridadEmpobrecimiento del repertorio de refuerzos positivos, soledad cronificada, mantenimiento del esquema
Momentos de descanso o tiempo libreBloqueo de la autovalidación emocional; vulnerabilidad a la rumiaciónC: ausencia de actividades de ocio. E: vacío, anhedonia, agotamiento. Cog: "estoy cansado, pero nunca me permití explorar qué necesitaba de verdad", "solo intento sobrevivir"Evita el contacto con emociones difíciles, descansa parcialmenteReducción de refuerzos positivos, mantenimiento de la anhedonia y la desesperanza

Hipótesis explicativa integradora

A partir del análisis funcional se formula la siguiente hipótesis explicativa del caso, en línea con las condiciones de Meyer y Turkat (1979) y Haynes y O'Brien (2000):

Sobre una vulnerabilidad psicológica configurada por un estilo de apego inseguro-evitativo y un esquema temprano de exigencia/diferencia (predisponentes), la convergencia de pérdidas afectivas significativas no elaboradas —fallecimiento de ambos progenitores, divorcio y distanciamiento del hijo (precipitantes)— ha activado un cuadro de duelo complejo y desesperanza existencial. Este cuadro se mantiene mediante el aislamiento autoimpuesto, la sobreadaptación laboral, los esquemas cognitivos pesimistas y la evitación experiencial, los cuales reducen sistemáticamente el acceso a refuerzos positivos naturales y bloquean la elaboración del duelo y la reconstrucción del sentido vital.

El beneficio secundario del rol del "raro" y del "sacrificado" (identidad de excepcionalidad moral en "un mundo de egoístas") constituye un factor de resistencia al cambio que debe ser explícitamente trabajado en la intervención.

Hipótesis diagnóstica y diagnóstico diferencial

Hipótesis diagnóstica principal (DSM-5 / CIE-11)

Con base en los criterios del DSM-5 (Morrison, 2015) y de la CIE-11, se formulan las siguientes hipótesis diagnósticas, ordenadas por probabilidad clínica:

1. Trastorno de duelo complejo persistente (DSM-5, Sección III) / Trastorno por duelo prolongado (CIE-11 6B42)

Es la hipótesis principal. F. presenta una respuesta de duelo crónica y desadaptativa a las pérdidas significativas acumuladas (padres, exmujer, distanciamiento del hijo), con presencia de los criterios nucleares: añoranza persistente, dolor emocional intenso, dificultad para reorganizar la vida, sentimiento de pérdida de sentido ("ya no me queda nada", "no sé cuál es el siguiente paso") y aislamiento. El cuadro lleva más de 12 meses de evolución y produce malestar clínicamente significativo y deterioro en el área social y afectiva. La elaboración inconclusa atraviesa varias fases del duelo descritas por Kübler-Ross (1969): negación funcional ("sigo aguantando"), ira contenida hacia los progenitores y la exmujer, y especialmente una fase prolongada de depresión y búsqueda de sentido sin haber alcanzado la aceptación.

2. Trastorno depresivo mayor, episodio moderado, recurrente (DSM-5 296.32 / CIE-11 6A70)

Sobre el cuadro de duelo se superpone una sintomatología depresiva clínicamente significativa: anhedonia parcial, fatiga ("estoy cansado"), desesperanza ("no sé cuál es mi camino"), sentimientos de inutilidad y aislamiento, con afectación del funcionamiento social y posible afectación del rendimiento ocupacional (refiere mantenerse "como puede"). El tratamiento previo con TCC sin éxito apoya el carácter recurrente del cuadro.

3. Trastorno depresivo persistente / distimia (DSM-5 300.4 / CIE-11 6A72) [comorbilidad]

El fondo crónico de malestar de baja intensidad presente desde la infancia/adolescencia es compatible con un trastorno depresivo persistente. La verbalización "siempre he sido el raro" y la sensación crónica de vacío sugieren un sustrato distímico sobre el que se ha instalado el episodio depresivo mayor actual (doble depresión).

Diagnóstico diferencial

El diagnóstico diferencial debe contemplar las siguientes alternativas, descartadas o consideradas a la luz del análisis funcional:

  • Reacción de duelo no complicado: descartada, dado que la sintomatología supera ampliamente los 12 meses, produce deterioro funcional significativo y se acompaña de pensamientos de pérdida de sentido vital.
  • Trastorno bipolar tipo II: debe descartarse activamente mediante exploración específica (por ejemplo, mediante el Mood Disorder Questionnaire, MDQ; Sánchez-Moreno et al., 2005) para descartar episodios hipomaníacos previos no diagnosticados, en particular dada la trayectoria de alto rendimiento profesional.
  • Trastorno adaptativo con estado de ánimo deprimido: insuficiente para explicar la cronicidad, la magnitud del cuadro y la presencia de duelo múltiple.
  • Trastorno de la personalidad esquizoide o evitativo: aunque F. presenta rasgos de retraimiento y desconfianza, estos parecen secundarios a la historia de pérdidas y a los esquemas tempranos, más que constituir un patrón estable de personalidad presente desde la adolescencia con afectación transversal. Procede una evaluación complementaria mediante el SCID-II (First et al., 1997) para descartarlo formalmente.
  • Trastorno por consumo de sustancias y patología somática (hipotiroidismo, anemia, déficit de vitamina B12, etc.): deben descartarse mediante anamnesis específica y derivación a atención primaria para analítica básica, ya que pueden producir o agravar la fatiga y la anhedonia.
  • Riesgo suicida: aunque F. no verbaliza ideación autolítica activa, las frases "ya no me queda nada" y "solo intento sobrevivir" exigen una evaluación específica del riesgo suicida desde la primera sesión, dada su pertenencia a un grupo de riesgo (varón, mayor de 50 años, pérdidas múltiples, aislamiento, agotamiento emocional).

Instrumentos de evaluación complementarios propuestos

Para la confirmación diagnóstica y la línea base se proponen los siguientes instrumentos:

InstrumentoFunciónReferencia
Entrevista clínica semiestructuradaRecogida de información biográfica y formulaciónCaballo (2005); García (2007)
Inventario de Depresión de Beck-II (BDI-II)Cuantificación de la sintomatología depresivaBeck et al. (1996)
Escala de Hamilton para la Depresión (HDRS)Evaluación heteroaplicada del cuadro depresivoHamilton (1960)
Mood Disorder Questionnaire (MDQ) en españolCribado de bipolaridadSánchez-Moreno et al. (2005)
SCID-IICribado de trastornos de personalidadFirst et al. (1997)
Escala de riesgo suicida (Plutchik)Estimación del riesgo autolítico
Registros conductuales y autoobservaciónLínea base de actividad, refuerzos y rumiaciónRuiz et al. (2017)

Plan terapéutico

Objetivos terapéuticos

A partir del análisis funcional, se establecen un objetivo principal y seis objetivos específicos jerarquizados que orientan la intervención.

Objetivo principal

Reducir la sintomatología depresiva y del duelo complejo, facilitando la elaboración de las pérdidas acumuladas y la reconstrucción de un proyecto vital con sentido, mediante una intervención integradora que combine activación conductual, reestructuración cognitiva, regulación emocional, trabajo vincular y trabajo existencial.

Objetivos específicos

A continuación se presentan los seis objetivos específicos derivados del análisis funcional, cada uno con su justificación en términos de los factores de mantenimiento que pretende modificar:

  1. Generar una alianza terapéutica segura y un encuadre validante donde F. sienta que tiene espacio para descansar, sin exigencia, contrarrestando el esquema temprano de sobreadaptación.
  2. Psicoeducar al paciente sobre el duelo complejo, la depresión y el agotamiento emocional, normalizando su experiencia y ofreciendo un marco comprensivo que devuelva la sensación de control (Ferre Navarrete, 2012; Montes, 2020).
  3. Gestionar la ambivalencia y colocar límites sanos mediante el establecimiento explícito de un vínculo terapéutico de apego seguro, distinto del experimentado en la infancia (Yalom, 2002).
  4. Confrontar las distorsiones cognitivas (inferencias arbitrarias, sobregeneralización, pensamiento dicotómico) que sostienen la desconfianza interpersonal y la desesperanza, mediante técnicas de reestructuración cognitiva (Beck et al., 1996).
  5. Incrementar las tasas de refuerzo positivo natural y la tolerancia a la frustración, mediante activación conductual planificada, recuperación de aficiones y entrenamiento en resolución de problemas y habilidades sociales.
  6. Facilitar la integración social en un entorno comprensivo (grupo terapéutico) para paliar el sentimiento de soledad y el aislamiento autoimpuesto, y, paralelamente, trabajar el sentido vital y el proyecto existencial desde una perspectiva humanista-existencial.

Encuadre, número de sesiones, temporalización, duración y lugar

El plan se estructura sobre un encuadre integrador —cognitivo-conductual con incorporación explícita de elementos humanista-existenciales y psicodinámicos breves— y se desarrolla en 22 sesiones individuales de 60 minutos cada una más 16 sesiones grupales de 90 minutos, distribuidas a lo largo de 6 meses, en formato bisemanal el primer trimestre y semanal el segundo. Las sesiones se celebrarán en la consulta privada de psicología clínica (Barcelona) y, en el caso de las sesiones grupales, en una sala adaptada del mismo centro. Se prevén, además, 2 sesiones de seguimiento a los 3 y 6 meses post-alta. La distribución por fases es la siguiente:

FaseSesiones individualesSesiones grupalesDuración aproximadaObjetivos principales
Evaluación y alianza42 semanasAnamnesis, línea base, evaluación de riesgo suicida, alianza terapéutica
Estabilización y psicoeducación421 mesReducción del agotamiento, regulación emocional básica, psicoeducación
Trabajo del duelo y reestructuración cognitiva862 mesesElaboración de las pérdidas, reestructuración cognitiva, trabajo del esquema
Activación conductual y habilidades sociales462 mesesRecuperación de refuerzos, exposición social gradual, asertividad
Sentido vital y prevención de recaídas223 semanasReconstrucción del proyecto vital, plan de prevención
Seguimiento2Meses 3 y 6 post-altaEvaluación y consolidación

Metodología

La intervención combina sesiones individuales (núcleo del trabajo) y sesiones grupales (orientadas a la exposición social y al trabajo de la vinculación). El grupo terapéutico se compone de 6–8 participantes varones de entre 50 y 65 años con cuadros depresivos y de duelo complejo, coordinado por la psicóloga clínica responsable y un coterapeuta, bajo supervisión clínica regular. Las sesiones combinan trabajo verbal, técnicas experienciales, registros entre sesiones y materiales psicoeducativos.

Los materiales previstos para la intervención incluyen:

  • Cuaderno de registro del paciente para autoobservación, registro de pensamientos y de actividades agradables.
  • Guías psicoeducativas en papel (Ferre Navarrete, 2012; Montes, 2020).
  • Material para técnicas de relajación y mindfulness (audios, esterilla, etc.) (Villalobos et al., 2017).
  • Material para role-playing y entrenamiento en habilidades sociales (Ruiz et al., 2017).
  • Cuestionarios estandarizados (BDI-II, HDRS, MDQ, SCID-II) para evaluación pre/post.

El presupuesto estimado del programa, en condiciones de consulta privada, es el siguiente:

ConceptoImporte
22 sesiones individuales (60 €/sesión)1.320 €
16 sesiones grupales (15 €/participante·sesión)240 €
Materiales fungibles (cuadernos, cuestionarios, fotocopias)60 €
Cuestionarios estandarizados (licencias y aplicación)80 €
Total estimado1.700 €

Técnicas concretas justificadas por el análisis funcional

Las técnicas se seleccionan atendiendo a la función que cumple cada conducta-problema en el análisis funcional, y se organizan según la rueda de regulación emocional presentada en el deck de la asignatura, que distingue dimensiones fisiológica, cognitiva, expresiva, vincular, reflexiva y activa de la regulación.

Dimensión fisiológica — Reducción de la activación y el agotamiento emocional

Para el agotamiento emocional sostenido (consecuencia a corto y largo plazo de la sobreadaptación) se aplican técnicas de reducción de la activación que devuelvan al paciente la sensación de control sobre su cuerpo:

  • Relajación muscular progresiva de Jacobson (Méndez et al., 2014).
  • Entrenamiento autógeno de Schultz (Díaz et al., 2017).
  • Mindfulness con prácticas guiadas semanales, aceptación plena del cansancio y de las emociones difíciles (Villalobos et al., 2017; Miró, 2012).

Dimensión cognitiva — Reestructuración de los esquemas y distorsiones

Para los pensamientos automáticos negativos, las inferencias arbitrarias y la sobregeneralización (factores mantenedores cognitivos identificados en la tabla), se aplican:

  • Reestructuración cognitiva según el modelo de Beck (Beck et al., 1996; Ruiz et al., 2017).
  • Terapia racional emotiva conductual (TREC) para el cuestionamiento de creencias irracionales nucleares ("todos son egoístas") (Ruiz et al., 2017).
  • Registros A-B-C entre sesiones y debate socrático en sesión.

Dimensión expresiva — Activación conductual y recuperación de refuerzos

Para el empobrecimiento del repertorio de refuerzos positivos y la anhedonia (mantenedores conductuales), se aplican:

  • Activación conductual con planificación gradual de actividades agradables y de dominio (Tratamiento TCC para Depresión).
  • Programa de actividades placenteras registradas y evaluadas semanalmente.
  • Manejo de contingencias y técnicas operantes de reforzamiento positivo (Ruiz et al., 2017).

Dimensión vincular — Trabajo del apego y exposición social

Para el aislamiento autoimpuesto, la evitación social y la desconfianza interpersonal, se aplican:

  • Exposición gradual a situaciones sociales evitadas, en formato individual y grupal (Díaz et al., 2017).
  • Desensibilización sistemática a estímulos sociales jerarquizados, cuando proceda (Díaz et al., 2017).
  • Entrenamiento en habilidades sociales y asertividad mediante modelado y role-playing (Ruiz et al., 2017).
  • Sesiones grupales semanales que operan como contexto experiencial de validación, modelado y exposición segura, contrarrestando el esquema de diferencia/aislamiento.
  • Trabajo explícito de la alianza terapéutica como apego seguro reparador (Yalom, 2002; Mahler et al., 1977).

Dimensión reflexiva — Sentido vital y trabajo del duelo

Para el duelo complejo no elaborado y la crisis de sentido vital, se aplican:

  • Psicoeducación sobre el duelo y sus fases (Kübler-Ross, 1969; Ferre Navarrete, 2012).
  • Técnica de la silla vacía y otras intervenciones experienciales para el diálogo con figuras significativas perdidas (padres, exmujer, hijo).
  • Trabajo narrativo y de reconstrucción biográfica orientado a integrar las pérdidas en una narrativa coherente.
  • Intervención existencial breve orientada a la pregunta por el sentido y por las necesidades propias renunciadas (Yalom, 2002).

Dimensión activa — Solución de problemas y prevención de recaídas

Para la baja tolerancia a la frustración y la dificultad para la toma de decisiones, se aplican:

  • Entrenamiento en solución de problemas (D'Zurilla y Goldfried) (Ruiz et al., 2017).
  • Plan de prevención de recaídas con identificación de señales de alarma, estrategias de afrontamiento y red de apoyo.
  • Plan de seguridad personalizado para situaciones de riesgo suicida (revisión sistemática durante la fase inicial).

Evaluación de resultados

La evaluación de la eficacia se realizará mediante:

  • Línea base y medidas post-tratamiento con BDI-II y HDRS.
  • Indicadores conductuales de cambio (número de actividades semanales, contactos sociales, horas de sueño, asistencia laboral).
  • Indicadores subjetivos de cambio (registro de satisfacción, percepción de sentido vital, autoinformes de regulación emocional).
  • Seguimientos a los 3 y 6 meses post-alta para prevenir recaídas.

Conclusiones

El caso de F. ilustra de manera paradigmática la potencia explicativa del análisis funcional como herramienta para integrar variables del organismo, antecedentes históricos, desencadenantes actuales y factores de mantenimiento en una única teoría psicológica del caso (Graña-Gómez, 2005; Keawe et al., 2013). El enfoque adoptado permite superar las limitaciones de una formulación puramente sintomática: en lugar de listar síntomas depresivos aislados, el análisis funcional revela cómo el aislamiento autoimpuesto, la sobreadaptación laboral y los esquemas cognitivos pesimistas mantienen un cuadro de duelo complejo y desesperanza enraizado en una historia de exigencia parental y de pérdidas no elaboradas.

El plan terapéutico propuesto responde con coherencia funcional a cada uno de los mantenedores identificados: las técnicas de reducción de la activación abordan el agotamiento emocional; la reestructuración cognitiva interviene sobre los esquemas pesimistas; la activación conductual y las sesiones grupales restituyen los refuerzos positivos y debilitan el aislamiento; el trabajo experiencial y narrativo facilita la elaboración del duelo; y, finalmente, la intervención existencial orienta la reconstrucción del proyecto vital. La integración de un encuadre humanista-existencial junto al núcleo cognitivo-conductual responde, además, al antecedente de fracaso terapéutico con TCC clásica, ofreciendo una respuesta clínica ajustada a las dimensiones vincular y de sentido que probablemente no fueron suficientemente trabajadas con anterioridad (Yalom, 2002).

Cabe subrayar, por último, dos consideraciones críticas. En primer lugar, la evaluación sistemática del riesgo suicida debe ser una constante a lo largo de todo el proceso, dada la pertenencia de F. a varios grupos de riesgo. En segundo lugar, la intervención requiere flexibilidad metodológica: la formulación es una hipótesis de trabajo sometida a revisión, y el plan terapéutico debe ajustarse a la luz de los datos clínicos que vayan emergiendo, en línea con la cuarta fase de la formulación de casos —la evaluación continua de resultados—. La práctica clínica responsable exige, en definitiva, mantener viva la dialéctica entre rigor metodológico y escucha del singular que cada paciente trae a consulta.

Referencias

Beck, A. T., Steer, R. A. y Brown, G. K. (1996). Manual for the Beck Depression Inventory-II. Psychological Corporation.

Caballo, V. E. (2005). Estrategias de evaluación en psicología clínica. En V. E. Caballo (Dir.), Manual para la evaluación clínica de los trastornos psicológicos. Estrategias de evaluación, problemas infantiles y trastornos de ansiedad (pp. 29-42). Pirámide.

Díaz, M. I., Villalobos, A. y Ruiz, M. Á. (2017). Desensibilización sistemática y técnicas de relajación. En M. I. Díaz, M. Á. Ruiz y A. Villalobos, Manual de técnicas y terapias cognitivo conductuales (pp. 266-291). Desclée de Brouwer.

Ferre Navarrete, F. (2012). Guía de ayuda a pacientes y familiares: Afrontar la depresión. Fundación Juan José López-Ibor / Fundación Arpegio.

First, M. B., Gibbon, M., Spitzer, R. L., Williams, J. B. W. y Benjamin, L. S. (1997). SCID-II Personality Questionnaire (para ser usado con la Entrevista Clínica Estructurada para los Trastornos de Personalidad del Eje II del DSM-IV). American Psychiatric Press.

García, M. (2007). La evaluación e intervención en psicología. En M. García (Dir.), Estrategias de evaluación e intervención en psicología (pp. 11-36). Miguel Ángel Porrúa.

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