UC1. Análisis funcional y diseño de un plan terapéutico para un caso clínico
Taig Mac Carthy
Universidad Internacional de Valencia (VIU)
Intervención y Tratamientos Psicológicos · Grado en Psicología
Prof. Sara Fernández Benítez
Marzo 2026
Taig Mac Carthy
Universidad Internacional de Valencia (VIU)
Intervención y Tratamientos Psicológicos · Grado en Psicología
Prof. Sara Fernández Benítez
Marzo 2026
La formulación clínica de un caso constituye la pieza central del trabajo del psicólogo clínico, ya que articula la evaluación con la intervención mediante una teoría psicológica que explica la adquisición y el mantenimiento del sufrimiento del paciente (Graña-Gómez, 2005; Keawe et al., 2013). El análisis funcional, en tanto método de descripción relacional de los problemas en torno al esquema antecedentes–conducta–consecuencias, permite identificar las variables independientes que el psicólogo debe modificar para que la variable dependiente —el malestar clínicamente significativo— remita (Haynes y O'Brien, 2000; Ruiz et al., 2017).
La presente actividad desarrolla el caso clínico de F., varón de 56 años que acude a consulta por una sensación de vacío existencial, agotamiento emocional y aislamiento autoimpuesto, en el contexto de pérdidas significativas no elaboradas y de una historia de exigencia parental sostenida desde la infancia. El trabajo se estructura en dos grandes apartados, en línea con el enunciado de la asignatura: en primer lugar, se elabora la ficha técnica del caso —datos personales, motivo de consulta, análisis longitudinal del problema, antecedentes personales y familiares, datos psicobiográficos, tratamientos previos, aficiones y refuerzos, análisis funcional con organismo, hipótesis diagnóstica y diagnóstico diferencial—; en segundo lugar, se diseña un plan terapéutico que detalla objetivos, encuadre, número y duración de sesiones, lugar, metodología, materiales, presupuesto y técnicas concretas justificadas por el análisis funcional.
El caso seleccionado se enmarca en el espectro de los trastornos afectivos con elementos de duelo complejo persistente y posibles riesgos relacionados con la pérdida de sentido vital; se trata, por tanto, de un cuadro clínico de especial relevancia formativa para el psicólogo en formación, ya que exige integrar marcos teóricos complementarios —análisis funcional cognitivo-conductual, modelo de duelo y aportaciones del enfoque humanista-existencial— y planificar la intervención atendiendo a la seguridad del paciente, la psicoeducación y la reconstrucción del proyecto vital (Ferre Navarrete, 2012; Kübler-Ross, 1969; Yalom, 2002).
A continuación, se sintetizan los datos sociodemográficos relevantes del paciente recogidos durante la primera entrevista clínica:
| Variable | Descripción |
|---|---|
| Nombre y código | F. (caso anonimizado) |
| Edad | 56 años |
| Sexo | Hombre |
| Nacionalidad | Española |
| Estado civil | Divorciado; relación de pareja actual sin convivencia |
| Nivel de estudios | Superiores universitarios |
| Profesión | Redactor en una revista |
| Situación laboral | Activo, con responsabilidad editorial significativa |
| Lugar de residencia | Vivienda unifamiliar aislada en la periferia |
| Convivencia | Vive solo |
| Hijos | Un hijo varón mayor de edad (fruto del matrimonio anterior) |
| Apoyo familiar | Escaso; ambos progenitores fallecidos; vínculo con el hijo deteriorado |
| Apoyo social | Limitado; tendencia al aislamiento autoimpuesto |
| Derivación | Iniciativa propia |
F. acude a consulta de manera espontánea expresando, con sus propias palabras, "una sensación de vacío existencial". Refiere encontrarse "cansado", sentir un agotamiento emocional sostenido y describe su situación vital con frases como "ya no me queda nada" y "no sé cuál es el siguiente paso… solo intento sobrevivir". Verbaliza, asimismo, una desconfianza generalizada hacia los demás ("nunca he podido confiar en nadie de verdad") y un sentimiento crónico de no encajar ("siempre he sido el raro").
El malestar se gesta en la infancia, en un contexto familiar marcado por la elevada exigencia de unos padres huérfanos que depositaban en F. expectativas de rendimiento desmesuradas. Desde edades tempranas el paciente describe la sensación de "ser el raro" y de haber renunciado a explorar sus propias necesidades para satisfacer las del entorno. Durante la adultez temprana logra una carrera profesional sólida, se casa y tiene un hijo. La primera pérdida significativa documentada se produce cuando el hijo cumple los 7 años, momento en que se desencadena el deterioro del vínculo conyugal y, posteriormente, el divorcio.
A lo largo de la adultez media F. acumula pérdidas no elaboradas: el fallecimiento de ambos progenitores, la disolución del matrimonio y el alejamiento progresivo del hijo. En el momento actual (56 años) presenta un cuadro de agotamiento emocional, anhedonia parcial, desesperanza y pérdida de sentido vital que se ha cronificado y que el propio paciente verbaliza como "vacío existencial". Ha realizado un tratamiento previo cognitivo-conductual sin éxito clínicamente significativo, lo cual constituye un factor pronóstico a tener en cuenta.
Los factores predisponentes identificados configuran una vulnerabilidad psicológica desarrollada a lo largo del ciclo vital:
El cuadro actual se ve activado por la convergencia de varios desencadenantes:
Los factores que perpetúan el cuadro y que constituyen los principales objetivos de intervención son:
No se documentan antecedentes médico-orgánicos relevantes ni consumo de tóxicos significativo. F. describe un desarrollo evolutivo dentro de la normalidad, sin enfermedades graves en la infancia. Refiere, en cambio, un patrón de sobreadaptación escolar y académica: rendimiento por encima de la media, ausencia de conductas disruptivas y una identidad escolar marcada por la sensación de no encajar. En la adolescencia y la adultez temprana no se reportan episodios depresivos mayores claramente delimitados, aunque sí un fondo distímico crónico de baja intensidad compatible con un trastorno depresivo persistente subclínico.
Los progenitores de F. eran ambos huérfanos, con probable cuadro de duelo no elaborado en su propia biografía y un estilo educativo marcado por la sobreexigencia. No constan diagnósticos psiquiátricos formales en familiares de primer grado, si bien las descripciones del paciente sugieren rasgos depresivos y de exigencia perfeccionista en la línea materna. No se documentan antecedentes de suicidio consumado ni conductas autolíticas en la familia.
El genograma sintetiza la red familiar nuclear y los principales vínculos relevantes para la formulación del caso:
Las relaciones predominantes en el genograma son de distancia emocional, ruptura o pérdida, sin figuras de apego seguro identificables en la red actual. La ausencia de vínculos contenedores constituye, simultáneamente, un factor de mantenimiento y un objetivo de intervención prioritario.
A lo largo de la biografía del paciente destacan los siguientes hitos:
La personalidad premórbida del paciente puede describirse como introvertida, responsable, perfeccionista y con tendencia a la sobreadaptación, con dificultades para la expresión emocional y para la asertividad.
F. refiere haber recibido un tratamiento previo de Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) que valora como ineficaz. Este antecedente exige una reflexión clínica importante: la falta de respuesta a un tratamiento basado fundamentalmente en la reestructuración cognitiva sugiere que la intervención no abordó suficientemente las dimensiones relacional, vincular y existencial del caso (Yalom, 2002), aspectos que el presente plan terapéutico incorpora de manera explícita. No constan tratamientos farmacológicos previos ni hospitalizaciones psiquiátricas.
El paciente describe un repertorio de actividades reforzantes notablemente empobrecido. Manifiesta añorar "las cosas sencillas" y aprecia la responsabilidad de su trabajo, aunque la vive con agotamiento. No reporta actividades de ocio sistemáticas, contactos sociales regulares ni práctica deportiva. Este empobrecimiento del repertorio de refuerzos positivos constituye, por sí mismo, un mantenedor del estado anímico bajo y un objetivo de la activación conductual.
El análisis funcional descriptivo organiza la información clínica en torno al esquema Estímulo – Organismo – Respuesta – Consecuencias a corto plazo – Consecuencias a largo plazo (Haynes y O'Brien, 2000; Keawe et al., 2013), e integra la triple respuesta cognitiva, emocional y conductual descrita por la tradición cognitivo-conductual (Ruiz et al., 2017).
Las variables del organismo —relativamente estables y resistentes al cambio inmediato— configuran la vulnerabilidad sobre la que operan los estímulos actuales. En F. se identifican las siguientes:
La tabla siguiente recoge las principales secuencias funcionales del caso, integrando las cinco situaciones-problema más relevantes para la conceptualización del cuadro:
| Estímulo (antecedente) | Organismo | Respuesta (conductual / emocional / cognitiva) | Consecuencias a corto plazo | Consecuencias a largo plazo |
|---|---|---|---|---|
| Recuerdo de la exigencia parental / autoexigencia laboral | Esquema de exigencia; vulnerabilidad cognitiva al perfeccionismo | C: sobreesforzarse en el trabajo, asumir más responsabilidades. E: tensión, fatiga sostenida. Cog: "nunca hice lo que quise", "sigo aguantando como puedo" | Aprobación externa, alivio momentáneo de la culpa, sensación de control | Agotamiento emocional crónico, desconexión de las propias necesidades, mantenimiento del esquema de exigencia |
| Recuerdo del divorcio y de la decepción con la exmujer | Apego inseguro-evitativo; duelo no elaborado | C: evitación de la intimidad, no convivir con pareja actual. E: tristeza, decepción, ira contenida. Cog: "nunca he podido confiar en nadie de verdad" | Reducción inmediata del miedo a ser herido, sensación de seguridad | Aislamiento afectivo, imposibilidad de elaborar el duelo, cronificación de la desesperanza relacional |
| Pérdida de los progenitores y distanciamiento del hijo | Duelo múltiple no procesado; pérdida del rol parental | C: retraimiento, abandono del contacto. E: vacío, llanto contenido, "reacción emocional fuerte" al hablar del hijo. Cog: "perdí a mis padres… perdí a mi mujer… he luchado por estar cerca de mi hijo, pero al final siento que se ha alejado" | Evitación temporal del dolor agudo del duelo | Duelo complejo persistente, pérdida de sentido vital, sintomatología depresiva |
| Interacción social cotidiana (compañeros, vecinos, pareja) | Esquema de diferencia/aislamiento; desconfianza interpersonal | C: evitación de la interacción; mudanza a vivienda aislada. E: incomodidad, sensación de amenaza. Cog: "los humanos somos una plaga enferma… todos son egoístas… no hay un lugar para mí" | Refuerzo negativo (alivio inmediato de la ansiedad social), sensación de seguridad | Empobrecimiento del repertorio de refuerzos positivos, soledad cronificada, mantenimiento del esquema |
| Momentos de descanso o tiempo libre | Bloqueo de la autovalidación emocional; vulnerabilidad a la rumiación | C: ausencia de actividades de ocio. E: vacío, anhedonia, agotamiento. Cog: "estoy cansado, pero nunca me permití explorar qué necesitaba de verdad", "solo intento sobrevivir" | Evita el contacto con emociones difíciles, descansa parcialmente | Reducción de refuerzos positivos, mantenimiento de la anhedonia y la desesperanza |
A partir del análisis funcional se formula la siguiente hipótesis explicativa del caso, en línea con las condiciones de Meyer y Turkat (1979) y Haynes y O'Brien (2000):
Sobre una vulnerabilidad psicológica configurada por un estilo de apego inseguro-evitativo y un esquema temprano de exigencia/diferencia (predisponentes), la convergencia de pérdidas afectivas significativas no elaboradas —fallecimiento de ambos progenitores, divorcio y distanciamiento del hijo (precipitantes)— ha activado un cuadro de duelo complejo y desesperanza existencial. Este cuadro se mantiene mediante el aislamiento autoimpuesto, la sobreadaptación laboral, los esquemas cognitivos pesimistas y la evitación experiencial, los cuales reducen sistemáticamente el acceso a refuerzos positivos naturales y bloquean la elaboración del duelo y la reconstrucción del sentido vital.
El beneficio secundario del rol del "raro" y del "sacrificado" (identidad de excepcionalidad moral en "un mundo de egoístas") constituye un factor de resistencia al cambio que debe ser explícitamente trabajado en la intervención.
Con base en los criterios del DSM-5 (Morrison, 2015) y de la CIE-11, se formulan las siguientes hipótesis diagnósticas, ordenadas por probabilidad clínica:
Es la hipótesis principal. F. presenta una respuesta de duelo crónica y desadaptativa a las pérdidas significativas acumuladas (padres, exmujer, distanciamiento del hijo), con presencia de los criterios nucleares: añoranza persistente, dolor emocional intenso, dificultad para reorganizar la vida, sentimiento de pérdida de sentido ("ya no me queda nada", "no sé cuál es el siguiente paso") y aislamiento. El cuadro lleva más de 12 meses de evolución y produce malestar clínicamente significativo y deterioro en el área social y afectiva. La elaboración inconclusa atraviesa varias fases del duelo descritas por Kübler-Ross (1969): negación funcional ("sigo aguantando"), ira contenida hacia los progenitores y la exmujer, y especialmente una fase prolongada de depresión y búsqueda de sentido sin haber alcanzado la aceptación.
Sobre el cuadro de duelo se superpone una sintomatología depresiva clínicamente significativa: anhedonia parcial, fatiga ("estoy cansado"), desesperanza ("no sé cuál es mi camino"), sentimientos de inutilidad y aislamiento, con afectación del funcionamiento social y posible afectación del rendimiento ocupacional (refiere mantenerse "como puede"). El tratamiento previo con TCC sin éxito apoya el carácter recurrente del cuadro.
El fondo crónico de malestar de baja intensidad presente desde la infancia/adolescencia es compatible con un trastorno depresivo persistente. La verbalización "siempre he sido el raro" y la sensación crónica de vacío sugieren un sustrato distímico sobre el que se ha instalado el episodio depresivo mayor actual (doble depresión).
El diagnóstico diferencial debe contemplar las siguientes alternativas, descartadas o consideradas a la luz del análisis funcional:
Para la confirmación diagnóstica y la línea base se proponen los siguientes instrumentos:
| Instrumento | Función | Referencia |
|---|---|---|
| Entrevista clínica semiestructurada | Recogida de información biográfica y formulación | Caballo (2005); García (2007) |
| Inventario de Depresión de Beck-II (BDI-II) | Cuantificación de la sintomatología depresiva | Beck et al. (1996) |
| Escala de Hamilton para la Depresión (HDRS) | Evaluación heteroaplicada del cuadro depresivo | Hamilton (1960) |
| Mood Disorder Questionnaire (MDQ) en español | Cribado de bipolaridad | Sánchez-Moreno et al. (2005) |
| SCID-II | Cribado de trastornos de personalidad | First et al. (1997) |
| Escala de riesgo suicida (Plutchik) | Estimación del riesgo autolítico | — |
| Registros conductuales y autoobservación | Línea base de actividad, refuerzos y rumiación | Ruiz et al. (2017) |
A partir del análisis funcional, se establecen un objetivo principal y seis objetivos específicos jerarquizados que orientan la intervención.
Reducir la sintomatología depresiva y del duelo complejo, facilitando la elaboración de las pérdidas acumuladas y la reconstrucción de un proyecto vital con sentido, mediante una intervención integradora que combine activación conductual, reestructuración cognitiva, regulación emocional, trabajo vincular y trabajo existencial.
A continuación se presentan los seis objetivos específicos derivados del análisis funcional, cada uno con su justificación en términos de los factores de mantenimiento que pretende modificar:
El plan se estructura sobre un encuadre integrador —cognitivo-conductual con incorporación explícita de elementos humanista-existenciales y psicodinámicos breves— y se desarrolla en 22 sesiones individuales de 60 minutos cada una más 16 sesiones grupales de 90 minutos, distribuidas a lo largo de 6 meses, en formato bisemanal el primer trimestre y semanal el segundo. Las sesiones se celebrarán en la consulta privada de psicología clínica (Barcelona) y, en el caso de las sesiones grupales, en una sala adaptada del mismo centro. Se prevén, además, 2 sesiones de seguimiento a los 3 y 6 meses post-alta. La distribución por fases es la siguiente:
| Fase | Sesiones individuales | Sesiones grupales | Duración aproximada | Objetivos principales |
|---|---|---|---|---|
| Evaluación y alianza | 4 | — | 2 semanas | Anamnesis, línea base, evaluación de riesgo suicida, alianza terapéutica |
| Estabilización y psicoeducación | 4 | 2 | 1 mes | Reducción del agotamiento, regulación emocional básica, psicoeducación |
| Trabajo del duelo y reestructuración cognitiva | 8 | 6 | 2 meses | Elaboración de las pérdidas, reestructuración cognitiva, trabajo del esquema |
| Activación conductual y habilidades sociales | 4 | 6 | 2 meses | Recuperación de refuerzos, exposición social gradual, asertividad |
| Sentido vital y prevención de recaídas | 2 | 2 | 3 semanas | Reconstrucción del proyecto vital, plan de prevención |
| Seguimiento | 2 | — | Meses 3 y 6 post-alta | Evaluación y consolidación |
La intervención combina sesiones individuales (núcleo del trabajo) y sesiones grupales (orientadas a la exposición social y al trabajo de la vinculación). El grupo terapéutico se compone de 6–8 participantes varones de entre 50 y 65 años con cuadros depresivos y de duelo complejo, coordinado por la psicóloga clínica responsable y un coterapeuta, bajo supervisión clínica regular. Las sesiones combinan trabajo verbal, técnicas experienciales, registros entre sesiones y materiales psicoeducativos.
Los materiales previstos para la intervención incluyen:
El presupuesto estimado del programa, en condiciones de consulta privada, es el siguiente:
| Concepto | Importe |
|---|---|
| 22 sesiones individuales (60 €/sesión) | 1.320 € |
| 16 sesiones grupales (15 €/participante·sesión) | 240 € |
| Materiales fungibles (cuadernos, cuestionarios, fotocopias) | 60 € |
| Cuestionarios estandarizados (licencias y aplicación) | 80 € |
| Total estimado | 1.700 € |
Las técnicas se seleccionan atendiendo a la función que cumple cada conducta-problema en el análisis funcional, y se organizan según la rueda de regulación emocional presentada en el deck de la asignatura, que distingue dimensiones fisiológica, cognitiva, expresiva, vincular, reflexiva y activa de la regulación.
Para el agotamiento emocional sostenido (consecuencia a corto y largo plazo de la sobreadaptación) se aplican técnicas de reducción de la activación que devuelvan al paciente la sensación de control sobre su cuerpo:
Para los pensamientos automáticos negativos, las inferencias arbitrarias y la sobregeneralización (factores mantenedores cognitivos identificados en la tabla), se aplican:
Para el empobrecimiento del repertorio de refuerzos positivos y la anhedonia (mantenedores conductuales), se aplican:
Para el aislamiento autoimpuesto, la evitación social y la desconfianza interpersonal, se aplican:
Para el duelo complejo no elaborado y la crisis de sentido vital, se aplican:
Para la baja tolerancia a la frustración y la dificultad para la toma de decisiones, se aplican:
La evaluación de la eficacia se realizará mediante:
El caso de F. ilustra de manera paradigmática la potencia explicativa del análisis funcional como herramienta para integrar variables del organismo, antecedentes históricos, desencadenantes actuales y factores de mantenimiento en una única teoría psicológica del caso (Graña-Gómez, 2005; Keawe et al., 2013). El enfoque adoptado permite superar las limitaciones de una formulación puramente sintomática: en lugar de listar síntomas depresivos aislados, el análisis funcional revela cómo el aislamiento autoimpuesto, la sobreadaptación laboral y los esquemas cognitivos pesimistas mantienen un cuadro de duelo complejo y desesperanza enraizado en una historia de exigencia parental y de pérdidas no elaboradas.
El plan terapéutico propuesto responde con coherencia funcional a cada uno de los mantenedores identificados: las técnicas de reducción de la activación abordan el agotamiento emocional; la reestructuración cognitiva interviene sobre los esquemas pesimistas; la activación conductual y las sesiones grupales restituyen los refuerzos positivos y debilitan el aislamiento; el trabajo experiencial y narrativo facilita la elaboración del duelo; y, finalmente, la intervención existencial orienta la reconstrucción del proyecto vital. La integración de un encuadre humanista-existencial junto al núcleo cognitivo-conductual responde, además, al antecedente de fracaso terapéutico con TCC clásica, ofreciendo una respuesta clínica ajustada a las dimensiones vincular y de sentido que probablemente no fueron suficientemente trabajadas con anterioridad (Yalom, 2002).
Cabe subrayar, por último, dos consideraciones críticas. En primer lugar, la evaluación sistemática del riesgo suicida debe ser una constante a lo largo de todo el proceso, dada la pertenencia de F. a varios grupos de riesgo. En segundo lugar, la intervención requiere flexibilidad metodológica: la formulación es una hipótesis de trabajo sometida a revisión, y el plan terapéutico debe ajustarse a la luz de los datos clínicos que vayan emergiendo, en línea con la cuarta fase de la formulación de casos —la evaluación continua de resultados—. La práctica clínica responsable exige, en definitiva, mantener viva la dialéctica entre rigor metodológico y escucha del singular que cada paciente trae a consulta.
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