Técnicas operantes
Conceptualización
Las técnicas operantes o técnicas de control de contingencias constituyen uno de los pilares básicos de la Terapia de Conducta. Sus fundamentos teóricos y empíricos los desarrolló Skinner (1953) bajo la influencia de las teorías de Pavlov sobre el condicionamiento clásico y de la Ley del Efecto formulada por Thorndike. A finales de los años 50 y principios de los 60, los métodos del condicionamiento operante se extendieron a la conducta humana fuera del laboratorio, dando lugar al análisis conductual aplicado.
Las conductas son operantes en la medida en que operan o influyen sobre el ambiente, y se fortalecen o debilitan en función de las consecuencias que les siguen. Los principios derivados del condicionamiento operante han generado numerosas técnicas vigentes hoy, agrupables en tres bloques: las que sirven para adquirir, mantener o incrementar conductas, las dirigidas a reducir o eliminar conductas, y los sistemas de organización de contingencias (economía de fichas, contratos, control de estímulos).
Fundamentos teóricos
Skinner y el condicionamiento operante
Burrhus Frederic Skinner (1904-1990) es considerado el psicólogo más influyente del siglo XX. Conductista por excelencia, consideraba la conducta como único objeto de estudio científico de la psicología, función de la historia de contingencias ambientales. Sus investigaciones fueron pioneras en psicología experimental y formularon los principios del condicionamiento operante, base del análisis experimental del comportamiento como ciencia natural de la conducta.
Según la Ley del Efecto de Thorndike, las respuestas seguidas (contigüidad) de consecuencias reforzantes se asociarán al estímulo y tendrán mayor probabilidad de ocurrir cuando el estímulo vuelva a aparecer.
Conceptos clave
El esquema básico es Estímulo → Respuesta → Consecuencias (E-R-C):
- Antecedentes: situaciones en las que ocurre una conducta particular.
- Consecuencias: impacto que tiene la conducta sobre las relaciones sociales o el entorno.
- Contingencia: relación probabilística entre la conducta, sus antecedentes y sus consecuencias.
- Control de estímulos: las consecuencias siguen a la conducta solo en presencia de unos estímulos antecedentes y no de otros.
Principios básicos
| Principio | Procedimiento y efecto |
|---|---|
| Reforzamiento | Presentación de un estímulo positivo o retirada de uno negativo tras una respuesta que, a consecuencia de ello, incrementa su frecuencia o probabilidad |
| Castigo | Presentación de un estímulo negativo o retirada de uno positivo tras una respuesta que, a consecuencia de ello, reduce su frecuencia o probabilidad |
| Extinción | Dejar de reforzar una conducta previamente reforzada, lo cual disminuye su frecuencia |
| Control de estímulos | Reforzar una conducta en presencia de un estímulo pero no en presencia de otros |
Refuerzo, reforzamiento y reforzador
- Refuerzo: proceso de aprendizaje que tiene que ver con el aumento de la probabilidad de la conducta por su asociación con un cambio estimular tras su emisión.
- Reforzamiento: procedimiento mediante el cual las consecuencias producen el aprendizaje (aumento de probabilidad). Puede ser positivo (introducción de un estímulo placentero) o negativo (retirada de un estímulo aversivo).
- Reforzador: estímulo concreto (tangible, simbólico, etcétera) que se utiliza para producir el reforzamiento positivo o negativo.
Tipos de reforzadores
| Criterio | Tipo |
|---|---|
| Por el origen | Primarios (valor incondicionado o innato) · Secundarios (estímulos neutros que adquieren valor por asociación) · Generalizados (reforzadores condicionados que permiten acceder a otros reforzadores) |
| Por su naturaleza | Materiales o tangibles (entidad física) · Sociales (interpersonales, lenguaje verbal y no verbal) · De actividad (conductas placenteras — Principio de Premack) |
| Por el proceso | Extrínsecos (reforzamiento abierto y observable) · Intrínsecos (encubierto) |
| Por el administrador | Externos (aplicados por otra persona) · Autorreforzadores (autoaplicados) |
| Por el receptor | Directos (el sujeto recibe el reforzador) · Vicarios (observa cómo otro lo recibe) |
| Por su programación | Naturales (alta probabilidad de presentarse en el ambiente) · Artificiales (se aplican bajo condiciones específicas) |
Reforzadores primarios
Su valor reforzante suele estar asociado a necesidades básicas (comida, bebida). No siempre mantienen su valor reforzante: varía según las necesidades del individuo (si se tiene hambre, la comida opera como reforzador potente; si se está saciado, no).
Reforzadores sociales
Son las muestras de atención, valoración, aprobación y reconocimiento que recibe una persona por la realización de una conducta. Spiegler y Guevremont (2010) resaltan cuatro ventajas:
- Son fáciles de administrar (basta una persona).
- No tienen coste económico.
- Pueden administrarse inmediatamente tras la conducta.
- Son refuerzos naturales que se reciben habitualmente, por lo que la conducta puede mantenerse incluso cuando haya alcanzado los niveles deseados.
Principio de Premack
Premack (1965): si existen dos respuestas en el repertorio de un individuo, una de alta probabilidad y otra de baja probabilidad, puede utilizarse la primera como reforzador de la segunda (por ejemplo, recoger el cuarto antes de merendar).
La activación conductual derivada del modelo de Lewinsohn (1974)1 aplica directamente los principios operantes y el Principio de Premack al tratamiento de la depresión: el bajo estado de ánimo se mantiene porque la persona ha reducido drásticamente el contacto con reforzadores positivos contingentes a la respuesta. El procedimiento sigue tres pasos. Primero, el paciente elabora una lista de actividades agradables mediante autorregistro o instrumentos como el Pleasant Events Schedule (pasear, llamar a un amigo, escuchar música, cocinar). Segundo, se construye una jerarquía de activación ordenando esas actividades de menor a mayor coste (de «hacer la cama» a «quedar con un grupo»). Tercero, se programan semanalmente dos o tres actividades de baja dificultad y se utilizan actividades de alta probabilidad (ducharse, tomar café) como reforzadores Premack de las de baja probabilidad (salir a caminar). El objetivo es restablecer el contacto del paciente con el reforzamiento natural, lo que rompe el círculo de inactividad → anhedonia → más inactividad. Es uno de los componentes esenciales de la terapia cognitivo-conductual para la depresión y, en su versión breve (BA, Martell, Dimidjian y Herman-Dunn, 2010), ha mostrado eficacia equivalente a la TC de Beck.
Variables que influyen en la efectividad de los reforzadores
Características del reforzador
- Tasa de reforzamiento: cantidad de veces que se suministra el reforzador por unidad de tiempo. A mayor tasa, mayor tasa de respuesta operante.
- Cantidad: en general, cantidades mayores mantienen tasas de respuesta más altas.
- Calidad: los reforzadores de mayor calidad son preferidos a los de menor calidad y son más efectivos.
Contingencias
Una contingencia de reforzamiento se define como la diferencia entre la probabilidad de que una conducta sea seguida por un determinado reforzador y la probabilidad de que ese mismo reforzador sea dispensado en ausencia de dicha conducta. Para que el reforzador sea eficaz, la primera probabilidad debe ser mayor que la segunda, deseablemente con la segunda igual a 0.
Contigüidad
- Descuento por demora (delay discounting): la efectividad de un reforzador disminuye a medida que se demora su disponibilidad después de la conducta.
- Asociado a problemas de adicciones y control de impulsos; es una medida de impulsividad.
- Si el reforzador a largo plazo se incrementa mientras que el ofrecido a corto plazo se reduce, es probable que la persona impulsiva opte por el refuerzo a largo plazo, incrementándose así el autocontrol.
Operaciones de motivación
Son eventos contextuales, procedimientos o condiciones estimulares que afectan al organismo alterando temporalmente la efectividad reforzadora de otros eventos y la frecuencia de ocurrencia de la conducta. Establecer una operación lleva a incrementar la efectividad del reforzador y eliminarla a disminuirla. La deprivación de un estímulo incrementa su efectividad como reforzador; la saciación, la disminuye.
Técnicas para adquirir, mantener o incrementar conductas
Reforzamiento positivo y negativo
- Reforzamiento positivo: introducción de un estímulo placentero tras la conducta, lo que incrementa su probabilidad.
- Reforzamiento negativo: retirada de un estímulo aversivo, lo que también incrementa la probabilidad de la conducta.
Programas de reforzamiento
- Reforzamiento continuo: cada emisión de la conducta es reforzada (ideal en la adquisición).
- Reforzamiento intermitente: solo algunas emisiones son reforzadas (más resistente a la extinción y útil en mantenimiento). Puede ser de razón (fija o variable) o de intervalo (fijo o variable).
Moldeamiento
El moldeamiento (también conocido como aproximaciones sucesivas) consiste en reforzar diferencialmente las respuestas cada vez más parecidas a la conducta-meta. Se parte de una conducta que el sujeto ya emite y, mediante refuerzo selectivo, se acerca progresivamente al objetivo final.
Encadenamiento
El encadenamiento vincula secuencialmente conductas simples ya presentes en el repertorio del sujeto para producir una conducta compleja. Puede aplicarse en sentido directo (de la primera a la última conducta de la cadena) o inverso (de la última a la primera).
Desvanecimiento (fading)
El desvanecimiento retira gradualmente los instigadores (apoyos verbales, físicos o ambientales) que ayudaron a la persona a emitir la conducta, hasta que esta se mantenga solo con los estímulos naturales presentes en el ambiente.
Para enseñar a un niño con trastorno del espectro autista a vestirse de forma autónoma, el clínico combina las tres técnicas. Moldeamiento: se refuerza con un comestible y elogio social la conducta «coger la camiseta», después «meter la cabeza», luego «meter un brazo», etc., aproximaciones cada vez más cercanas a la conducta-meta. Encadenamiento inverso: el adulto realiza casi toda la secuencia (poner camiseta, sacar la cabeza, sacar un brazo) y se le pide al niño que ejecute solo el último eslabón (bajar la camiseta), reforzándolo al hacerlo; en sesiones sucesivas se añade un eslabón hacia atrás. Desvanecimiento: los instigadores físicos iniciales (guiar las manos) se sustituyen por instigadores verbales («ahora la cabeza») y estos, finalmente, por la mera presencia de la camiseta sobre la cama por la mañana.
Técnicas para reducir o eliminar conductas
Las técnicas reductoras deben aplicarse según un criterio de mínima intrusividad, comenzando por las menos aversivas:
Extinción → Reforzamiento diferencial → Coste de respuesta → Tiempo fuera → Saciación → Sobrecorrección → Castigo positivo
Extinción
Consiste en suprimir el reforzamiento de una conducta previamente reforzada. Es eficaz pero lento. Puede producir:
- Estallido de extinción: incremento inicial en la frecuencia e intensidad de la conducta indeseada y variaciones importantes en su topografía.
- Agresión inducida por la extinción: aumento de comportamientos agresivos o emocionales al implantar el procedimiento.
- Recuperación espontánea: la conducta puede reaparecer tras un lapso de tiempo.
Variables que influyen en su eficacia: el programa de reforzamiento previo (la extinción es más rápida con reforzamiento continuo), la cantidad y tiempo del reforzamiento anterior, el esfuerzo necesario para emitir la respuesta y el uso combinado con refuerzo de conductas alternativas.
- Uso combinado con reforzamiento positivo de conductas alternativas.
- Identificar el reforzador o reforzadores que mantiene la conducta y poder manipularlo.
- La extinción debe ser constante, no intermitente.
- Prevenir sobre: el incremento inicial, las posibles respuestas emocionales y la recuperación espontánea.
- No utilizar la extinción como única técnica si se desea un cese inmediato de la conducta.
Reforzamiento diferencial
Procedimiento para eliminar o reducir conductas evitando su reforzamiento y, a cambio, reforzando conductas alternativas. Tipos:
- RDI — Reforzamiento Diferencial de Conductas Incompatibles: reforzar una conducta incompatible con la conducta a eliminar.
- RDA — Reforzamiento Diferencial de Conductas Alternativas: cuando no es posible encontrar respuestas incompatibles, se refuerzan conductas alternativas que compiten con la conducta-problema.
- Reforzamiento Diferencial de Conductas Funcionalmente Equivalentes: refuerzo de conductas alternativas que permiten alcanzar las mismas metas que la conducta-problema pero de forma más adecuada o adaptativa.
- RDTB — Reforzamiento Diferencial de Tasas Bajas: cuando la frecuencia de la conducta inadecuada es muy alta o hay pocas conductas alternativas. Sus variantes son RDTB de respuesta espaciada, RDTB de intervalo y RDTB de respuesta limitada o de sesión completa.
- RDO — Reforzamiento Diferencial de Otras Conductas (entrenamiento de omisión): se refuerza cualquier conducta que emita el individuo excepto la inapropiada que se quiere eliminar.
El entrenamiento en reacción de competencia o inversión del hábito (Azrin y Nunn, 1987) es una extensión del RDI y constituye actualmente el tratamiento de elección en tics, tricotilomanía y onicofagia. Implica aprender a emitir una respuesta físicamente incompatible con el hábito nervioso. Sus cinco componentes son:
- Revisión de la inconveniencia del hábito.
- Entrenamiento en la conciencia del hábito.
- Entrenamiento en una respuesta que compita con el hábito.
- Apoyo social.
- Generalización del procedimiento.
De todos los componentes, la conciencia del hábito y el entrenamiento en respuesta incompatible parecen ser los elementos críticos.
Una paciente de 22 años acude por tricotilomanía (arrancamiento del cabello del cuero cabelludo) con áreas alopécicas visibles. El entrenamiento en inversión del hábito de Azrin y Nunn (1973)2 se aplica en cinco bloques. (1) Revisión de la inconveniencia: la paciente enumera los costes del hábito (vergüenza, evitar piscinas, ocultar zonas con maquillaje). (2) Conciencia del hábito: durante una semana lleva un autorregistro con la situación antecedente (estudiar de noche, ver televisión sola), las sensaciones pre-arrancamiento (picor, tensión en el cuero cabelludo) y la cadena motora completa (mano sube → tacto del cabello → tirón). (3) Respuesta competitiva: cuando detecta el impulso o el inicio de la cadena, aprieta los puños sobre los muslos durante 60 segundos —respuesta físicamente incompatible, discreta socialmente y de fácil ejecución—. (4) Apoyo social: la pareja le señala con una palabra clave neutra cuando le ve la mano cerca del pelo y la refuerza verbalmente cuando aplica la respuesta competitiva. (5) Generalización: la paciente practica simbólicamente el procedimiento en distintos contextos (estudio, sofá, coche). En seis a ocho semanas el HRT muestra reducciones del 75-90% en estudios controlados, manteniéndose en seguimiento de seis meses.
Castigo
Reduce la frecuencia futura de una conducta cuando, tras su emisión, se presenta un estímulo aversivo (castigo positivo) o se retira un estímulo positivo (castigo negativo). Solo se considera castigo si efectivamente se reduce la frecuencia.
Castigo positivo
Los estímulos aversivos pueden ser primarios o incondicionados (dolor físico, ruidos fuertes, productos químicos) o secundarios o condicionados (gestos, descalificaciones, insultos verbales). El carácter aversivo y el grado de malestar dependen de diferencias individuales, situación, agente, presencia de terceros y conducta que se pretende reducir.
El estímulo aversivo puede aplicarse de forma real, imaginada o encubierta (condicionamiento encubierto de Cautela) o de manera encubierta complementada (en imaginación añadiendo algún componente real). Los principales tipos de estímulos aversivos utilizados son: gustativos y químicos (eméticos como apomorfina, emetina o disulfiram, jugo de limón → alcoholismo, tabaquismo), eléctricos (descargas breves de 70-100 V → conductas agresivas, adicciones, sobreingesta), táctiles (goma elástica en la muñeca → pensamientos rumiativos, obsesiones), auditivos (ruido blanco, retroalimentación auditiva demorada → tartamudez), olfativos (bencilamina, ácido butírico → obesidad, parafilias), bloqueo facial (pantalla, autoagresión, tricotilomanía) y cognitivos (inducción de vergüenza → parafilias, exhibicionismo).
Su uso es polémico porque tiene connotaciones agresivas y, aplicado de forma inadecuada, puede producir: (a) deterioro de la relación entre la persona que lo recibe y quien lo aplica; (b) generalización a otros estímulos del contexto (por ejemplo, la escuela entera se vuelve aversiva); (c) conductas de huida o escape, incluido el abandono del tratamiento; (d) incremento de alguna conducta indeseada si va asociado a un reforzador (atención adulta); (e) modelado de la conducta castigadora; y (f) efecto sobre la autoestima del sujeto. Para aplicarlo con garantías debe especificarse la conducta castigada, aplicarse de forma intensa desde el principio (no gradual, por el riesgo de habituación), ser contingente, inmediato y consistente, no acompañarse de periodos largos de castigo, y combinarse siempre con reforzamiento positivo de una conducta alternativa.
Castigo negativo
El castigo negativo supone la retirada de consecuencias apetitivas. Sus dos modalidades clásicas son:
- Coste de respuesta: retirada contingente de un reforzador positivo previamente entregado (por ejemplo, perder fichas o puntos). Su eficacia depende de la magnitud del reforzador retirado; debe aplicarse rápidamente, suponer una pérdida importante desde el primer momento (no aumentarse de forma gradual, que produciría adaptación) y combinarse con reforzamiento positivo de la conducta alternativa. Un subtipo es la prima del coste de respuesta: se entregan inicialmente reforzadores adicionales que se irán restando si aparece la conducta inadecuada.
- Tiempo fuera de reforzamiento (TFR): retirada temporal del acceso a las fuentes de reforzamiento. Existen tres subtipos:
- Tiempo fuera de aislamiento: se saca al sujeto fuera de la situación reforzante.
- Tiempo fuera de exclusión: el sujeto permanece en el mismo lugar pero sin observar a los demás ni acceder al reforzador.
- Tiempo fuera de no exclusión u observacional: igual que el anterior pero pudiendo observar a los demás teniendo acceso al reforzador.
Una variación especial es la «pantalla facial» de Lutzker (1978), indicada para conductas autoestimulatorias o autolesivas: cuando aparece la conducta, se le dice «NO» al sujeto y se le coloca una pantalla cubriéndole cara y cabeza durante 3-5 segundos desde que cesa la conducta.
- La persona debe ser consciente de las razones por las que se le aplica el TFR y conocer su duración.
- La duración debe ser breve: con niños menores de 5 años, 5 minutos o menos; con mayores, el criterio más utilizado es un minuto por cada año de edad.
- No debe haber ningún reforzador presente durante el TFR.
- No debe terminar hasta cumplirse el tiempo establecido y solo cuando el niño se está comportando adecuadamente (si se interrumpe mientras grita, esa conducta queda reforzada negativamente).
- El TFR no debe servir como escape de una situación desagradable (por ejemplo, una tarea aburrida), pues se convertiría en reforzamiento negativo de la conducta-problema.
Aspectos para la aplicación del castigo (Spiegler y Guevremont, 2010)
- Debe ocurrir inmediatamente tras la conducta inadecuada.
- Debe administrarse cada vez que ocurre (el castigo continuo es mucho más efectivo que el intermitente).
- La persona debe ser consciente de la contingencia.
- El reforzamiento no debe administrarse muy a continuación del castigo (puede contrarrestar su efecto y reforzar la conducta inadecuada).
- Debe ir precedido por un aviso de advertencia para producir asociación entre conducta y consecuencia.
Sobrecorrección
La sobrecorrección exige al sujeto, tras emitir la conducta inadecuada, compensar en exceso sus consecuencias. Se distinguen dos modalidades, que pueden aplicarse por separado o combinadas:
- Sobrecorrección restitutiva: corregir los efectos negativos de la conducta inadecuada, restaurando el ambiente a un estado mejor del que existía antes. Por ejemplo, a un niño que pinta sobre una pared se le pide no solo que borre su pintada, sino que limpie toda la pared.
- Sobrecorrección de práctica positiva: practicar repetidamente, incluso de forma exagerada, una conducta adaptativa apropiada. Continuando con el ejemplo anterior, el niño deberá escribir en un papel una serie de normas sobre el cuidado del mobiliario.
A diferencia del castigo, la sobrecorrección cumple una función educativa porque incluye el entrenamiento en conductas alternativas o incompatibles. Es especialmente eficaz en conductas agresivas, enuresis, conductas poco cívicas o faltas de modales, y reduce al máximo las desventajas del castigo positivo enseñando a la vez la conducta adecuada.
Saciación
La saciación se basa en la pérdida del valor reforzante del estímulo o de la respuesta. Existen dos modalidades, descritas inicialmente por Ayllon y Michael (1959) en una unidad psiquiátrica:
- Saciación del estímulo (Ayllon): se proporciona el reforzador que mantiene la conducta en tal cantidad que pierde su valor de recompensa. Requiere identificar el reforzador y resulta útil cuando este es barato y fácil de suministrar (especialmente reforzadores materiales). Se aplica, por ejemplo, en técnicas de fumar rápido o retención del humo.
- Saciación de respuesta o práctica masiva o negativa (Dunlap, 1932): el sujeto emite de forma recurrente y masiva la conducta que se desea eliminar hasta que pierde su atractivo. No requiere identificar el reforzador. Se ha aplicado a tics, tartamudez, conductas de atesoramiento y encender cerillas.
Sus efectos son inmediatos pero temporales (la conducta tiende a recuperar su atractivo), por lo que se utiliza para establecer un «periodo temporal de seguridad» que permita desarrollar conductas más adaptadas. No es aplicable si la respuesta es peligrosa, y no se recomienda como técnica única.
Sistemas de organización de contingencias
Economía de fichas
Sistema motivacional combinado, desarrollado por Ayllon y Azrin (1968)3 para motivar a pacientes con patología mental crónica institucionalizados. Utiliza reforzadores condicionados generalizados (fichas, puntos, tickets) que el sujeto canjea posteriormente por reforzadores de apoyo. Se utiliza principalmente en instituciones (centros educativos, residencias, unidades de hospitalización), pero también en el ámbito familiar. Permite:
- Reforzar de forma inmediata (entrega de la ficha) sin que la conducta dependa del valor concreto del reforzador final.
- Conectar conductas distintas a un sistema motivacional unificado.
- Establecer un programa estructurado de objetivos y refuerzos negociado con el paciente.
- Aplicarse a grupos, estandarizar un ambiente y cuantificar la entrega de refuerzos.
- Incorporar también coste de respuesta o tiempo fuera de gasto de fichas para reducir conductas-problema.
Los componentes concretos de un programa de economía de fichas son: (1) lista de las conductas específicas que se pretende modificar; (2) número de fichas que se pueden ganar por cada comportamiento; (3) menú de reforzadores de apoyo por los que se pueden intercambiar las fichas, procurando variedad; y (4) reglas claras sobre cuándo se entregan las fichas y cuándo se canjean.
En una unidad de agudos de psiquiatría se implanta un programa para incrementar la autonomía de los pacientes con esquizofrenia crónica (programa inspirado en Paul y Lentz, 19774). Las conductas-objetivo se definen operativamente: levantarse antes de las 9:00 (2 fichas), asearse de manera autónoma (3 fichas), acudir a la terapia grupal (5 fichas), participar verbalmente en ella (2 fichas adicionales), hacer la cama (1 ficha). El menú de reforzadores de apoyo se construye con los propios pacientes: 5 fichas = café con leche extra; 10 fichas = 30 minutos de televisión en zona común; 20 fichas = salida acompañada al jardín; 40 fichas = visita ampliada de familiares. Las reglas son explícitas: las fichas se entregan inmediatamente después de la conducta por el personal de enfermería, se canjean en el «economato» tres veces al día y se aplica coste de respuesta (retirada de 3 fichas) ante agresiones verbales. A las 6-8 semanas se introduce un proceso de desvanecimiento: las fichas dan paso a un sistema de puntos semanal y, finalmente, al reforzamiento social natural.
Una maestra de 1.º de primaria implanta un programa para incrementar el tiempo en tarea y reducir las interrupciones. Cada alumno tiene una cartulina personal dividida en casillas. Cada 15 minutos de trabajo concentrado, la maestra coloca una pegatina (= ficha). Al final de la jornada, 5 pegatinas se canjean por 5 minutos extra de recreo; 20 pegatinas a la semana, por elegir el cuento del viernes; 80 pegatinas al mes, por un diploma y una llamada de felicitación a la familia. Las conductas-problema (gritar, levantarse sin permiso) se gestionan con coste de respuesta: se borra una pegatina del día (nunca de días anteriores, para evitar saldos negativos).
Contratos de contingencias
Documento escrito que explicita las conductas objetivo y sus consecuencias, firmado por las partes implicadas (paciente y terapeuta, padres e hijos, pareja). Negociado de forma colaborativa, especifica conductas observables y medibles, reforzadores acordados y plazos.
Una pareja acude por conflictos recurrentes en torno al reparto de tareas domésticas y al tiempo de pantallas. Tras el análisis funcional, el terapeuta propone un contrato conductual bilateral inspirado en el principio de quid pro quo de Stuart (1969)5. El documento, firmado por ambos miembros, especifica: conductas observables y medibles de cada parte (ella se compromete a tener listo el menú semanal el domingo y dedicar dos noches sin móvil; él se compromete a encargarse de la compra el sábado y de bañar a los niños lunes y miércoles); reforzadores recíprocos pactados (cumplir la semana completa = cena en restaurante elegido por turno; el viernes); coste de respuesta (cada incumplimiento = 30 minutos de tareas adicionales de la pareja); periodo de revisión (15 días); y firmas de ambos cónyuges y del terapeuta como testigo. El contrato hace visibles las contingencias mutuas, reduce las atribuciones internas hostiles («es un vago») al transformarlas en discrepancias conductuales discretas, y promueve reforzamiento mutuo contingente en lugar del reforzamiento difuso típico de las parejas en conflicto.
Control de estímulos
Procedimiento que altera los estímulos antecedentes que evocan la conducta-problema. Se utiliza para reducir conductas mantenidas por estímulos ambientales (por ejemplo, retirar comida tentadora en programas de pérdida de peso, evitar lugares asociados al consumo en adicciones) o para favorecer conductas deseadas (preparar el material de estudio antes de sentarse a estudiar).
Aplicación y estudios de resultados
Las técnicas operantes se aplican con eficacia probada en:
- Trastornos del desarrollo (autismo, discapacidad intelectual).
- Trastornos del comportamiento infantil: trastorno por déficit de atención e hiperactividad, trastorno negativista desafiante, trastorno de conducta.
- Adicciones: manejo de contingencias en programas de tratamiento.
- Trastornos psicóticos: economía de fichas en rehabilitación de pacientes con esquizofrenia (programas de Paul y Lentz, clásicos).
- Trastornos alimentarios, enuresis, fobias específicas, problemas de hábitos (tics, tricotilomanía, onicofagia).
Las técnicas operantes generadas durante la primera generación de la Terapia de Conducta se han mantenido hasta la actualidad y siguen plenamente vigentes, integradas en los programas de TCC contemporáneos.