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Trastornos de ansiedad

Conceptualización

Los trastornos de ansiedad constituyen, junto con los del estado de ánimo, el grupo de cuadros clínicos más prevalente en la práctica de la psicología clínica. La ansiedad es una experiencia universal (distinta del miedo (respuesta a un peligro real y presente) y del estrés (respuesta a una demanda concreta y delimitada en el tiempo)) pero adquiere carácter patológico cuando interfiere significativamente en la vida del paciente1.

Una metáfora ilustrativa: la ansiedad funciona como un sensor de humo. Bien calibrado, salva vidas al detectar el peligro real. Mal calibrado (demasiado sensible), salta con el vapor de la ducha y con cualquier estímulo trivial. Cuando ese sensor se vuelve crónicamente hiperreactivo, la ansiedad se convierte en clínica.

Hay además una lectura generacional del fenómeno: la ansiedad creció como mecanismo adaptativo en un entorno hostil (cazadores-recolectores que vivían en alerta), pero el mundo contemporáneo (productivista, perfeccionista, hipercrítico, con redes sociales que amplifican la comparación) mantiene encendido un sistema diseñado para amenazas físicas inminentes. La consecuencia clínica es una prevalencia creciente de cuadros ansiosos y depresivos, interpretables como síntoma de un cambio de paradigma cultural más amplio.

Estrés, miedo y ansiedad

ConstructoFoco temporalEstímuloCurso
EstrésPresenteDemanda concreta e identificableEl malestar cede cuando termina la demanda
MiedoPresenteAmenaza real e inminenteReacción adaptativa de lucha o huida
AnsiedadFuturoAmenaza imaginada o anticipadaEl malestar persiste incluso sin amenaza concreta

La ansiedad clínica se expresa en tres dimensiones: cognitiva (preocupación, rumiación, anticipación catastrófica), fisiológica (taquicardia, sudoración, temblor, opresión torácica, alteración del sueño) y motora o conductual (inquietud, evitación, hipervigilancia, conductas de seguridad).

Mecanismo fisiológico y conductual

Cuando se dispara la alarma, el sistema nervioso simpático activa el modo supervivencia: taquicardia, hiperventilación (con vasoconstricción y, paradójicamente, descenso del oxígeno tisular por desequilibrio de CO₂), sudoración, temblor, anestesias parciales y «amnesias» momentáneas (el cerebro deriva recursos al foco amenazante). Pasada la respuesta de lucha-huida, el parasimpático intenta restablecer la calma; en la ansiedad clínica esta regulación llega tarde o de forma incompleta.

En el plano motor-conductual, la persona despliega tres respuestas típicas:

  • Evitación (no acudo al examen, no voy a la cita).
  • Escape (me marcho a la mitad del evento, abandono).
  • Paralización o bloqueo (se me «olvida todo», quedo en blanco).

Una forma encubierta de evitación es el saboteo: la persona no decide conscientemente evitar, pero «se le olvida» la cita, llega tarde, no paga la matrícula, etc. El síndrome del impostor («si me ha ido bien ha sido suerte; nunca lo haré tan bien») se entiende también como saboteo cognitivo asociado a una identidad frágil y a un excesivo anclaje del valor personal en el hacer.

Mantenimiento: bucle de refuerzo negativo

Cualquiera de las tres respuestas anteriores produce un alivio inmediato de la ansiedad. Ese alivio funciona como reforzador negativo y consolida la conducta: la próxima vez, ante una situación parecida, el cerebro «aprende» que evitar funciona y la ansiedad anticipatoria es aún mayor. Es el bucle clínico nuclear del trastorno (común a TAG, pánico, fobias, ansiedad social y TOC) y la razón por la que la exposición (romper el evitamiento) es el ingrediente terapéutico activo más consistente.

Muchas de estas estrategias de evitación se aprendieron en la infancia (esconderse del padre violento, callar para no ser regañado) y entonces eran adaptativas; el problema clínico aparece cuando se mantienen rígidamente en la vida adulta, donde ya no resuelven el problema y solo cronifican la ansiedad.

Clasificación nosológica

El DSM-5-TR organiza los cuadros ansiosos en tres capítulos separados:

  • Trastornos de ansiedad: trastorno de ansiedad generalizada, trastorno de pánico, agorafobia, fobia específica, trastorno de ansiedad social, trastorno de ansiedad por separación, mutismo selectivo.
  • Trastorno obsesivo-compulsivo y trastornos relacionados (capítulo independiente desde el DSM-5).
  • Trastornos relacionados con traumas y factores de estrés (TEPT, trastorno de estrés agudo, trastornos adaptativos).

En la práctica clínica destacan especialmente los trastornos de ansiedad propiamente dichos y el TOC, dada su elevada prevalencia y relevancia clínica.

Trastorno de ansiedad generalizada (TAG)

El TAG se caracteriza por preocupación excesiva, persistente y difícil de controlar sobre múltiples áreas de la vida durante al menos seis meses, acompañada de síntomas físicos como tensión muscular, inquietud, fatiga, dificultades de concentración, irritabilidad y alteraciones del sueño.

A diferencia del pánico, el TAG no se manifiesta en crisis discretas sino como un fondo crónico de aprensión. La persona vive en un estado de hipervigilancia continua, con la sensación de que «algo malo va a pasar» sin poder concretar qué. La rumiación es uno de los mantenedores centrales del cuadro.

Sobre este fondo se han descrito tres mecanismos cognitivos típicos:

  • Sesgos interoceptivos: la persona interpreta cualquier señal corporal (taquicardia leve, opresión, mareo) como confirmación de que algo va mal.
  • Intolerancia a la incertidumbre: la sola posibilidad de que algo salga mal resulta intolerable; se busca cerrar la incertidumbre con rumiación o reaseguración constante («¿está todo bien?, ¿me quieres?, ¿lo he hecho bien?»).
  • Metapreocupación: preocuparse por el hecho mismo de estar preocupado («si no logro parar de darle vueltas me voy a volver loca»), lo que añade un segundo nivel al malestar.

Es habitual que el TAG curse con indefensión aprendida (Seligman): tras múltiples experiencias de fracaso percibido o de exigencia desbordante, la persona se siente incapaz de modificar la situación y desplaza el locus de control hacia fuera. Cuando el cuadro lleva meses, suele coexistir con sintomatología depresiva, agotamiento cognitivo (la persona «no logra concentrarse, deja todo a medias, pone el bolígrafo al lado de la mesa») y, no infrecuentemente, requiere apoyo farmacológico transitorio para restablecer el sueño y permitir la psicoterapia.

Caso clínico: Clara, 36 años

Clara consulta por preocupación constante sobre su trabajo y su salud. Presenta tensión muscular, dificultades para relajarse y duerme mal. Llama varias veces al día a su familia buscando reaseguración («¿estoy bien?, ¿me quieres?, ¿he hecho bien esto?»). El patrón (preocupación generalizada de más de seis meses, búsqueda compulsiva de tranquilización externa, deterioro del sueño y referente puesto fuera de sí misma) ilustra un TAG prototípico.

Criterios DSM-5-TR

  1. Ansiedad y preocupación excesivas durante al menos seis meses, sobre diversos sucesos o actividades.
  2. Dificultad para controlar la preocupación.
  3. Tres o más de los siguientes (uno en niños): inquietud, fatiga, dificultad para concentrarse, irritabilidad, tensión muscular, alteraciones del sueño.
  4. Malestar clínicamente significativo o deterioro funcional.
  5. No atribuible a sustancias, afección médica ni otro trastorno mental.

Trastorno de pánico y agorafobia

Trastorno de pánico

Se caracteriza por ataques de pánico recurrentes e inesperados: episodios bruscos de miedo intenso o malestar que alcanzan su pico en pocos minutos y se acompañan de al menos cuatro de los siguientes síntomas:

  • Palpitaciones o taquicardia.
  • Sudoración.
  • Temblor.
  • Sensación de ahogo o falta de aire.
  • Sensación de asfixia.
  • Opresión o malestar torácico.
  • Náuseas o malestar abdominal.
  • Mareo, inestabilidad o desmayo.
  • Escalofríos o sensación de calor.
  • Parestesias.
  • Desrealización o despersonalización.
  • Miedo a perder el control o a volverse loco.
  • Miedo a morir.

Para diagnosticar trastorno de pánico, debe haber ansiedad anticipatoria persistente sobre nuevos ataques o cambios conductuales significativos para evitarlos durante al menos un mes.

Ataque de pánico vs. ataque de ansiedad

Aunque clínicamente se solapan, conviene distinguirlos:

  • El ataque de pánico aparece de forma brusca, alcanza su pico en pocos minutos, cursa con la convicción de muerte inminente o pérdida del control y con frecuencia es inesperado.
  • El ataque de ansiedad es habitualmente más gradual, ligado a un estresor identificable, con menor intensidad de los síntomas autonómicos catastróficos.

Los ataques de pánico también pueden tener un origen iatrogénico o tóxico: un cuadro prototípico es el de una persona que, tras un año tomando tramadol (opiáceo analgésico), desarrolla un día (tras la toma habitual) taquicardia súbita, disnea, sudoración y sensación de muerte inminente; el cuadro se reconoce como ataque de pánico secundario al fármaco y remite al suspender los opiáceos. Estas presentaciones ilustran la importancia del diagnóstico diferencial con sustancias y fármacos (cafeína, estimulantes, abstinencia de benzodiacepinas, salbutamol, opiáceos, hipertiroidismo, arritmias, hipoglucemia).

Manejo agudo de un ataque de pánico

Ante alguien que cursa una crisis (un escenario clínico habitual es el de un paciente hospitalizado con mascarilla y oxígeno, convencido de que se muere a pesar de tener saturación normal), conviene seguir esta secuencia:

  1. Validar la experiencia («sé que te estás sintiendo mal»), nunca minimizar con «cálmate».
  2. Redirigir la atención hacia la respiración: respirar lento y profundo, idealmente con una bolsa de papel para reinhalar CO₂ y compensar la hiperventilación.
  3. Acompañar la respiración (respirar a la par del paciente da una referencia rítmica).
  4. Psicoeducar después, no durante. Una vez bajada la activación, explicar el mecanismo (hiperventilación → alcalosis → más síntomas), descartar causa orgánica si procede (ECG, constantes) y enseñar a manejar futuros episodios.
  5. En personas mayores (>75-80 años), no descartar derivar a urgencias: la activación simpática prolongada sí puede precipitar un evento cardiovascular real.

Agorafobia

La agorafobia es el miedo intenso a situaciones en las que escapar resultaría difícil o vergonzoso, o en las que no se podría obtener ayuda ante un ataque de pánico u otros síntomas incapacitantes: transporte público, espacios abiertos o cerrados, multitudes, estar fuera de casa solo. Provoca evitación activa de esas situaciones.

Es habitual la coexistencia de pánico y agorafobia, como ilustra el caso de Andrea descrito en Evaluación para el tratamiento y formulación clínica: tras un primer ataque en el tren durante la época de exámenes, la paciente desarrolló reclusión progresiva, abandono de los estudios y alta ansiedad anticipatoria, con factores mantenedores como evitación, atención centrada en el cuerpo, sobreprotección familiar y búsqueda de información errónea en internet.

Caso clínico: Elena, 28 años

Elena ha sufrido varios ataques de pánico sin razón aparente, en momentos y lugares dispares. A raíz de eso evita salir sola por miedo a que le ocurra un nuevo episodio lejos de ayuda y depende cada vez más de su pareja para cualquier desplazamiento. Se siente atrapada en casa. El cuadro encaja con un trastorno de pánico con agorafobia incipiente, sostenido por el clásico bucle de refuerzo negativo: cada vez que evita salir sola y «no le pasa nada», la conducta de evitación se consolida y el repertorio funcional se estrecha.

Fobias específicas

Las fobias específicas implican miedo intenso, persistente y desproporcionado a un objeto o situación concretos, que provoca evitación activa o un soportar con marcado malestar. La exposición al estímulo fóbico desencadena casi siempre una respuesta ansiosa inmediata, frecuentemente con síntomas de pánico.

Subtipos del DSM-5-TR

  • Animal: arañas, perros, insectos, serpientes, cucarachas, ratones.
  • Entorno natural: alturas, tormentas, agua.
  • Sangre, inyecciones, daño: cursa con una respuesta bifásica característica (subida inicial de la tensión seguida de caída vasovagal con bradicardia, palidez y desmayo). Es la única fobia con desmayo como respuesta esperable.
  • Situacional: aviones, ascensores, lugares cerrados.
  • Otras: atragantamiento, vómito, ruidos fuertes.
Atención al diagnóstico diferencial

No toda evitación de las alturas es fobia. En mayores de 60 años el deterioro de la membrana otolítica puede producir vértigo vestibular auténtico; antes de etiquetarlo como fobia hay que descartar causa otológica/neurológica.

Vías de adquisición

Las fobias específicas pueden originarse por tres vías (no excluyentes) bien documentadas:

  • Condicionamiento clásico: una experiencia traumática asocia el estímulo neutro con miedo intenso (ataque de un perro, turbulencia grave, ver la película ¡Viven! en la infancia).
  • Aprendizaje vicario o social: la abuela y la madre dicen «yo me mareo en el coche» y la nieta hereda no el gen, sino el modelo. El síndrome de la bata blanca (subida de tensión solo con entrar al hospital) responde a la misma lógica.
  • Predisposición evolutiva (preparedness de Seligman): adquirimos con especial facilidad miedo a estímulos que fueron amenazas ancestrales (serpientes, arañas, alturas, sangre). Freud interpretaba estas fobias en clave sexual (animales rastreros como símbolos de penetración); Jung rechazó esa lectura y las reubicó en el inconsciente colectivo y los arquetipos, leyéndolas como miedos transculturales compartidos.

El caso de Laura ilustra una fobia específica situacional al vuelo: condicionamiento clásico inicial tras ver la película ¡Viven!, mantenido por evitación operante y reforzado por noticias mediáticas (11-S, atentados en Barcelona y Madrid). La intervención típica combina psicoeducación, técnicas de relajación, exposición progresiva (virtual y real) y reestructuración cognitiva de las creencias catastróficas.

Caso clínico: Raúl, 42 años

Raúl evita los parques por miedo intenso a los perros tras un episodio en su infancia. La fobia le impide acompañar a su hijo al parque, lo que añade culpa y deterioro del rol parental al cuadro fóbico. Muestra cómo una fobia específica «menor» puede tener un impacto funcional considerable cuando interfiere con áreas vitales valiosas para el paciente.

Inmersión vs. exposición progresiva

Existen dos formatos clásicos para exponer al estímulo fóbico:

  • Inundación o inmersión (flooding): exposición masiva y directa al estímulo temido sin posibilidad de escape. Es rápida pero alta en abandonos y eticamente exigente.
  • Exposición progresiva (graduada): tras una fase de psicoeducación y entrenamiento en relajación, se asciende por una jerarquía construida con el paciente, manteniendo la exposición hasta que la ansiedad cede por habituación. Es el formato más utilizado y con mejor adherencia.

Fobia social (trastorno de ansiedad social)

La fobia social es el miedo intenso a una o más situaciones sociales en las que la persona está expuesta al posible escrutinio de otros: hablar en público, comer delante de desconocidos, asistir a fiestas, interactuar con figuras de autoridad. El paciente teme actuar de un modo que muestre síntomas de ansiedad y sea evaluado negativamente, humillado, rechazado o avergonzado.

Existen dos formas:

  • Generalizada: aplica a la mayoría de situaciones sociales.
  • Específica de la actuación (performance only): limitada a contextos como hablar en público.

El cuadro habitualmente se inicia en la adolescencia, es crónico si no se trata, y tiene un solapamiento clínico considerable con la evitación característica del trastorno de la personalidad por evitación.

Cognitivamente destacan la autofocalización (la atención se vuelca hacia uno mismo y sus signos de ansiedad), la rumiación post-evento («¿cómo respondí?, ¿qué pensarán?») y el sesgo «todos notan que estoy nervioso» (una sobreestimación sistemática de cuánto perciben los demás los síntomas propios). El paciente sobrevalora el referente externo; el reto terapéutico es desplazar progresivamente el referente hacia dentro, ayudando a construir una identidad menos dependiente del juicio ajeno.

La fobia social interfiere con frecuencia en el establecimiento de vínculos de pareja y, en casos crónicos, puede generar una indefensión aprendida relacional («mejor no busco pareja») que añade aislamiento y, a menudo, sintomatología depresiva. La tríada clínica TAG + ansiedad social + depresión en un mismo paciente es muy frecuente.

Caso clínico: Pedro, 19 años

Pedro evita hablar en clase por miedo a equivocarse. Siente que todos lo observan y lo juzgan. Presenta rubor facial y taquicardia al interactuar con desconocidos. Las relaciones románticas le resultan particularmente difíciles y empieza a evitarlas activamente, ilustrando el inicio adolescente típico del trastorno y el riesgo de cronificación si no se interviene.

Resulta útil considerar el caso prototípico de Carlos, que ilustra el solapamiento TAG-ansiedad social: tras cometer un pequeño error en una reunión, Carlos lleva tres días rumiando («siempre arruino todo, soy un incompetente») y anticipando catastróficamente la próxima reunión («¿y si me preguntan algo que no sé?, ¿y si me despiden?»). El cuadro combina rumiación pasiva sobre el pasado y preocupación anticipatoria sobre el futuro, los dos motores cognitivos clásicos de la ansiedad.

Trastorno obsesivo-compulsivo (TOC)

El TOC (que el DSM-5 desplazó a un capítulo propio) se caracteriza por la presencia de obsesiones (pensamientos, impulsos o imágenes intrusivos, recurrentes, vividos como egodistónicos y que provocan ansiedad) y compulsiones (conductas o actos mentales repetitivos que la persona se siente impulsada a realizar para neutralizar la ansiedad provocada por la obsesión).

Las dimensiones obsesivas más frecuentes incluyen:

  • Contaminación / limpieza.
  • Comprobación (puertas, gas, daño a otros).
  • Simetría y orden.
  • Pensamientos prohibidos (agresivos, sexuales, religiosos) con compulsiones encubiertas.
  • Acumulación (hoy en su propio capítulo del DSM-5-TR).

El mantenimiento del TOC sigue el mismo principio que el de las fobias y el pánico: la compulsión alivia transitoriamente la ansiedad y, mediante refuerzo negativo, consolida la obsesión.

Factores de riesgo y de protección

Factores de riesgoFactores de protección
Edad: adolescencia (transición crítica)Resiliencia y afrontamiento activo
Género femenino (mayor prevalencia documentada)Apoyo social y red familiar contenedora
Estilo de crianza: rechazo o sobreprotecciónSatisfacción vital y áreas valiosas diversificadas
Bullying y rechazo social repetidoEjercicio físico (eleva serotonina, mejora sueño)
Apego inseguro y dependencia emocionalHabilidades sociales y asertividad
Pobre regulación emocionalBuena regulación emocional aprendida en la infancia
Enfermedades crónicasPsicoeducación temprana
Carga genética (heredabilidad estimada 20-60 %)Identidad estable, referente interno

La heredabilidad no es destino: la epigenética indica que el ambiente puede modular significativamente la expresión de los genes de vulnerabilidad. En consulta, esto se traduce en localizar y reforzar los factores de protección antes de tocar la herida.

Evaluación específica

Instrumentos

InstrumentoFocoTipo
STAI (State-Trait Anxiety Inventory)Ansiedad estado/rasgoAutoinforme, breve
BAI (Beck Anxiety Inventory)Síntomas físicos de ansiedadAutoinforme
HARS / HAM-A (Hamilton Anxiety Rating Scale)Ansiedad generalHeteroinforme
PSWQ (Penn State Worry Questionnaire)Preocupación (TAG)Autoinforme
PDSS (Panic Disorder Severity Scale)PánicoHeteroinforme
LSAS (Liebowitz Social Anxiety Scale)Ansiedad socialHeteroinforme
FQ (Fear Questionnaire de Marks y Mathews)FobiasAutoinforme
Y-BOCS (Yale-Brown Obsessive Compulsive Scale)TOCHeteroinforme, gold standard

Autorregistros y exposición jerárquica

Más allá de los cuestionarios, dos herramientas son centrales en la evaluación y el tratamiento de los trastornos de ansiedad:

  • Autorregistros: el paciente anota antecedentes, conductas, pensamientos automáticos y consecuencias en el momento mismo en que aparece la ansiedad. Es a la vez instrumento diagnóstico (permite identificar disparadores y patrones) y técnica terapéutica: favorece la metacognición y rompe la fusión con el pensamiento.
  • Jerarquía de exposición: construcción consensuada con el paciente de una lista ordenada por unidades subjetivas de malestar (USAs, 0-100) de las situaciones temidas, que servirá de hoja de ruta para la exposición progresiva: el ingrediente terapéutico activo más consistente en los trastornos de ansiedad.

Líneas de intervención

El abordaje de los trastornos de ansiedad combina, con orden y dosis variables según el cuadro:

  1. Psicoeducación: nombrar lo que ocurre (mecanismo del sensor de humo, bucle de refuerzo negativo, papel del CO₂ en la hiperventilación) reduce por sí misma la sensación de amenaza y devuelve sensación de control.
  2. Técnicas de reducción de la activación: respiración diafragmática lenta (inspiración nasal, espiración prolongada), respiración con bolsa de papel en crisis agudas, relajación muscular progresiva de Jacobson y entrenamiento autógeno. Imprescindibles antes de exponer.
  3. Reestructuración cognitiva: identificar pensamientos automáticos y distorsiones (catastrofismo, sobregeneralización («siempre me pasa lo mismo»), pensamiento dicotómico («o saco un 10 o soy un fracaso»), lectura de pensamiento) y reemplazarlos por interpretaciones más ajustadas. Pasar del lenguaje de identidad («soy una fracasada») al lenguaje de conducta («he tenido un contratiempo, como tantos que he superado»).
  4. Exposición progresiva por la jerarquía USA, evitando estrategias de seguridad y permitiendo la habituación.
  5. Farmacoterapia coadyuvante cuando el sueño está colapsado, la activación es ingobernable o la depresión es intensa: derivación a psiquiatría para valorar ISRS y/o benzodiacepinas a corto plazo. No sustituye la psicoterapia, la posibilita.
  6. Trabajo de identidad y referente interno: especialmente en TAG, fobia social y perfeccionismo. Diferenciar el ser del hacer, abrazar la sombra (la parte que falla) y desactivar el perfeccionismo como conducta de seguridad («si soy perfecto, nadie me criticará y estaré a salvo», ilusión imposible).

Cuándo insistir y cuándo parar

Una pregunta práctica que aparece en consulta: ante un fracaso, ¿cuántas veces insistir antes de pivotar? El criterio clínico no es numérico sino funcional: insistir mientras el coste de salud mental no supere el beneficio del proyecto. Pararse para dormir y volver mañana no es abandonar; es regulación. Como referencia cultural se cita la regla oriental de «nunca menos de tres, nunca más de siete» intentos.

Ejercicio de exposición al error

Un procedimiento concreto, útil tanto para pacientes como para el propio terapeuta:

  1. Identificar un error pequeño reciente. No ocultarlo ni sobreexplicarlo; nombrarlo y corregir.
  2. Observar la catástrofe imaginada («me van a odiar») y contrastarla con lo que realmente ocurre.
  3. Regla de los 10 minutos: permitirse sentir la frustración, la rabia o la tristeza durante 10 minutos sin huir, sin evadir, sin reparar con positivismo prematuro. Ubicar la sensación en el cuerpo (garganta, pecho, ojos), respirarla y mirarla de frente.
  4. Separar la identidad de la situación: «soy un ser humano que se ha equivocado en esto; tengo otros roles y otras competencias intactas».
  5. Hacer una microacción correctora hoy (no rehacer el proyecto entero). Esto le demuestra al cerebro que se ha sobrevivido al rechazo y rompe el aprendizaje de evitación.

Diagnóstico diferencial

CuadroDistinción clave
Pánico vs. fobia socialEl pánico tiene ataques inesperados; en la fobia social los síntomas aparecen sólo en contextos sociales
TAG vs. depresiónEl TAG se centra en la preocupación; la depresión, en la tristeza y la anhedonia. Suelen coexistir
TOC vs. trastorno obsesivo-compulsivo de la personalidad (TOCP)El TOC es egodistónico (el paciente sufre sus obsesiones); el TOCP es egosintónico (rasgos rígidos y perfeccionistas vividos como propios)
Fobia específica vs. TEPTEl TEPT requiere un evento traumático identificable y síntomas de reexperimentación, evitación, alteraciones cognitivas e hiperactivación
Ansiedad inducida por sustancias o afección médicaCafeína, estimulantes, abstinencia, hipertiroidismo, arritmias, hipoglucemia

Autoevaluación

Pregunta

La hipervigilancia corporal constante es un síntoma común en:

Pregunta

Un paciente evita las reuniones familiares por temor a que le observen mientras come. ¿Qué tipo de ansiedad sugiere esto?

Pregunta

La ansiedad social se caracteriza por:

Pregunta

Una persona describe pensamientos como «¿y si me pasa algo malo?», «¿y si pierdo el control?». Esto refleja:

Pregunta

La evitación de situaciones en las que escapar podría ser difícil es típica de:

Pregunta

El trastorno de ansiedad generalizada se caracteriza principalmente por:

Referencias

Bibliografía complementaria

  • Belloch, A., Sandín, B. y Ramos, F. (2020). Manual de psicopatología (Vol. II, 3.ª ed.). McGraw-Hill.

Footnotes

  1. Mateu Mollá, J. (2024). Psicología clínica. Universidad Internacional de Valencia.