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Aproximación a la Psicología de la Salud

Conceptualización

La Psicología de la Salud se define, siguiendo a Matarazzo (1980)1, como el conjunto de contribuciones formativas, científicas y profesionales de la psicología al mantenimiento de la salud, a la prevención y tratamiento de las enfermedades, a la identificación de los correlatos etiológicos y diagnósticos de la salud y la disfunción, y al análisis y mejora del sistema sanitario. Una definición previa, la de Schwartz y Weiss (1978)2, la describía como el campo interdisciplinar dedicado al desarrollo e integración de conocimientos y técnicas de las ciencias biomédicas y de la conducta relevantes para la salud y la enfermedad.

Tres ideas vertebran su identidad disciplinar:

  • No es una disciplina nueva, sino un campo de especialización dentro de la psicología.
  • No está enmarcada dentro de una rama concreta de la psicología (ni clínica, ni social, ni educativa). Todas las ramas pueden hacer psicología de la salud.
  • Aspira a ocuparse de toda la salud, tanto física como mental.

Su emergencia, a finales de los años 70, responde a una triple presión histórica: la llegada de las enfermedades crónicas, los cambios en el estilo de vida que conllevan, y la insuficiencia del modelo biomédico para entenderlas y tratarlas. La consolidación institucional vino marcada por la creación, en 1978, de una división específica en la American Psychological Association y por la aparición, en 1979, del primer libro Health Psychology de Stone.

Historia de la concepción de salud y enfermedad

La salud ha sido definida desde enfoques muy distintos a lo largo de la historia. Las diapositivas distinguen cuatro grandes modelos que se han ido sucediendo —y, en parte, conviviendo— en el modo de pensar el binomio salud-enfermedad.

Modelo sobrenatural-moral

Predomina en las culturas más antiguas (Mesopotamia, Grecia homérica, Edad Media). La enfermedad se concibe como castigo divino, como consecuencia del pecado o la transgresión de un tabú, o como posesión por espíritus malignos3. Las medidas terapéuticas son rituales: exorcismo, trepanación, danzas. En la Mesopotamia del 3500-2100 a.C. la enfermedad es mancha moral que provoca la ira del dios protector, aunque ya coexisten medidas higiénicas (jabones, alcantarillado). En la Edad Media prolifera la imagen de la enfermedad como castigo por conducta moralmente reprobable, con purgas, sangrías y tortura corporal para provocar la huida de espíritus.

Modelo naturalista

Surge con el pensamiento racional y filosófico del siglo V a.C. La enfermedad pasa a buscarse en causas naturales. Hipócrates formula la teoría de los humores y Galeno la perfecciona: sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra; el equilibrio (eucrasia) representa la salud, y la diátesis designa la predisposición orgánica peculiar de cada persona4. Demócrito resume la nueva responsabilidad antropológica con una sentencia clave: «los hombres ruegan a sus dioses la salud; ellos no se dan cuenta de que ellos mismos tienen el control sobre esta». La cultura china añade un matiz fundamental: la mente, el cuerpo y la conducta están relacionados. En Roma, el modelo naturalista convive con un notable desarrollo de la salud pública: obras hidráulicas etruscas, la Cloaca Máxima (600 a.C.), retretes públicos (100 a.C.), acueductos.

Modelo biomédico

Tras un largo paréntesis medieval, el humanismo renacentista y el dualismo cartesiano del siglo XVII devuelven el cuerpo al estudio de los médicos. Descartes propone tres innovaciones decisivas (Ballester, 1997)5: concebir el cuerpo como una máquina, situar la conexión mente-cuerpo en la glándula pineal y aceptar la disección como método. Los grandes avances de los siglos XVIII y XIX —microscopio, bacteriología, cirugía, ministerios de sanidad, hospitales como lugares de cura— culminan en el modelo biomédico de la medicina moderna.

Según Engel (1977)6, el modelo biomédico se sustenta en dos pilares:

  • Dualismo mente-cuerpo.
  • Reduccionismo biológico: la enfermedad puede reducirse al lenguaje de la química y la física.

De ahí derivan sus rasgos: la teoría del germen de Pasteur y Koch, la definición de la salud como ausencia de enfermedad y un sistema sanitario unisectorial, tecnócrata, asistencialista y despersonalizado.

Engel formula las críticas más severas: el modelo se ha convertido en dogma, es intransigente ante los determinantes psicológicos, sociales y culturales, ignora que «la búsqueda de ayuda médica depende más de las experiencias pasadas que de la patología orgánica» y relega aspectos como el sufrimiento o la vivencia subjetiva de la enfermedad. Ballester (1997) añade: el sistema sanitario occidental está más basado en la hospitalización y el tratamiento agudo que en la prevención y el tratamiento holístico, y mantiene una visión dicotómica que clasifica a las personas en enfermos y no enfermos.

Modelo biopsicosocial

A partir de las críticas anteriores, Engel (1977) formula el modelo biopsicosocial, apoyado en la Teoría General de Sistemas de Bertalanffy (1968)7. Sus tesis centrales son:

  • Salud y enfermedad son resultado de la interacción de factores biológicos, psicológicos y sociales.
  • Esa interacción es sistémica: cualquier cambio en un elemento influye en el conjunto.
  • Se opone al dualismo mente-cuerpo y al reduccionismo.
  • La relación entre factores no es aditiva, sino de interacción.
  • La persona es un ser activo corresponsable del cuidado de su propia salud.

El modelo se despliega en tres niveles solidarios:

  • Nivel somático o biológico: integridad anatómica y funcionalidad orgánica.
  • Nivel psicológico: conducta, procesos psíquicos y autopercepción de bienestar-malestar.
  • Nivel sociocultural: integración del individuo e ideas compartidas por el grupo.
Del modelo biomédico al biopsicosocial

El paso de uno a otro cambia el objetivo (evitar la enfermedad → promover la salud y mejorar la calidad de vida), el foco de la intervención (causas → factores de riesgo) y el agente (profesionales sanitarios únicos competentes → otros sectores y la comunidad).

Definiciones contemporáneas de salud

La definición de la OMS (1946) y sus críticas

La Organización Mundial de la Salud (1946) define la salud como «el estado de completo bienestar, físico, mental y social, y no la mera ausencia de enfermedad o invalidez»8. La definición ha resultado fundacional, pero también muy criticada: una persona puede tener un cáncer grave no diagnosticado y, al no saberlo, encontrarse «bien» física, psicológica y socialmente —lo que pondría en cuestión su salud—.

Polaino-Lorente (1987)9 justifica la propuesta de la OMS señalando que su intención no era tanto definir la salud como promocionarla.

Aportaciones de Terris (1987)

Terris (1987)10 propone una definición más operativa: «La salud es un estado de bienestar físico, mental y social, con capacidad de funcionamiento y no únicamente la ausencia de afecciones o enfermedades». Tener buena salud equivale, así, a la suma de bienestar y capacidad de funcionar.

Dimensiones del análisis de la salud

Las diapositivas presentan tres ejes para analizar cualquier definición de salud:

  • Única / multidimensional. Una puntuación global de salud, o bien la salud entendida como un conjunto de componentes (físico, psicológico, social…). Irwin y Stone (1988)11 proponen cinco elementos: bienestar subjetivo, capacidad de ser productivo, cumplimiento de parámetros biomédicos, escaso uso de recursos sanitarios y capacidad de soportar el estrés con pérdidas mínimas en los anteriores.
  • Dicotómica / continuum. Frente a la lógica «enfermo / no enfermo», Antonowsky sitúa la salud en un continuo entre estar extremadamente enfermo y totalmente sano. Acuña la salutogénesis —generar salud— y el sentido de coherencia, capacidad de actuar dentro del continuum salutogénico-patogénico apoyada en los recursos generales de resistencia.
  • Objetiva / subjetiva. La presencia de enfermedad puede determinarse por declaraciones subjetivas del individuo, signos manifiestos o alteraciones ocultas detectables con instrumentos. En el primer caso prima la experiencia personal; en los otros dos, los conocimientos del profesional.

Desarrollo de la Psicología de la Salud como disciplina

Aunque a comienzos del siglo XX hay precursores aislados (Wundt, William James, Stanley Hall, Watson en la APA de 1911), la Psicología de la Salud emerge formalmente entre los años 50 y 70 al hilo del modelo biopsicosocial. Hitos:

  • APA, 1978: se crea la división específica de Psicología de la Salud.
  • 1979: Stone publica el primer libro Health Psychology.
  • 1980: aparece la revista Health Psychology.
  • España, 1987: primer Congreso de Psicología de la Salud y primer departamento universitario; en 1989, primera revista nacional.

Prevención de la enfermedad y promoción de la salud

Determinación de la causalidad en el proceso salud-enfermedad

En salud no podemos atribuir resultados a una única causa: hablamos de multicausalidad. Las diapositivas distinguen:

  • Factor de protección: elementos que disminuyen la probabilidad de iniciar o mantener un problema de salud.
  • Factor de riesgo: elementos que la aumentan.

Y dentro del concepto de riesgo:

  • Riesgo relativo: tasa de incidencia o prevalencia (concepto poblacional).
  • Riesgo absoluto: posibilidades concretas de una persona de desarrollar un trastorno.

Las consideraciones clave son que los factores de riesgo y protección pueden ser generales o específicos, surgen en periodos particulares del desarrollo, cambian con la edad, interactúan entre sí y son de carácter probabilístico. No es necesaria la presencia de todos los factores para que se produzca el problema, ni la aparición de uno determina su ocurrencia (Botvin y Scheier, 1995)12.

Las variables psicológicas actúan a través de dos vías:

  • Respuestas psicofisiológicas.
  • Comportamiento (hábitos o estilos de vida).

De ahí la distinción nuclear de Matarazzo (1984)13:

  • Conductas de riesgo o patógenos conductuales: comportamientos que aumentan la probabilidad de enfermar o disminuyen la salud.
  • Conductas de salud o inmunógenos conductuales: comportamientos que disminuyen el riesgo de enfermar.

Ambos pueden darse de forma aislada, como hábito (regular), como estilo de vida (acumulación de hábitos) o como patrón de conducta vinculado a variables de personalidad. Harris y Guten (1979)14 distinguen cinco categorías de conductas de salud: prácticas de salud, prácticas de seguridad, cuidados preventivos, evitación de ambientes peligrosos y evitación de sustancias nocivas.

Existen distintas variables que determinan en gran medida la conducta de salud: el contexto social, la percepción del síntoma, los estados emocionales y las creencias sobre la salud. Los estudios clásicos de Saunders (1954) y Zola (1966) muestran cómo la cultura modula la respuesta a una misma patología: los italianos expresan más quejas inespecíficas, los irlandeses minimizan el dolor, los hispanos recurren a remedios caseros y los anglosajones a la asistencia médica.

Perfil del psicólogo o psicóloga de la salud

Ámbitos de actuación

Las diapositivas agrupan las áreas de aplicación en cinco grandes bloques:

  1. Promoción y acrecentamiento de la salud. Educación sanitaria, control de variables actitudinales, motivacionales y afectivo-emocionales, generación de hábitos saludables, aprendizaje de competencias, mejora de la salubridad ambiental.
  2. Prevención primaria, secundaria y terciaria. Modificación de conductas y hábitos de riesgo, detección e intervención precoz, prevención de recaídas.
  3. Evaluación, tratamiento y rehabilitación de trastornos específicos: cardiovasculares, del SNC, neuromusculares, gastrointestinales, respiratorios, oftalmológicos, endocrinos, inmunitarios, ginecológicos, sexuales, alimentarios, orofaciales, del lenguaje, del sueño, adicciones, dolor crónico y cáncer.
  4. Análisis y mejora del sistema y atención sanitaria. Preparación para la hospitalización, mejora de la relación profesional-usuario, adherencia terapéutica.
  5. Otras áreas: formación de profesionales y gestión.

Funciones y competencias profesionales

El perfil profesional combina requisitos biomédicos y habilidades psicosociales: tolerancia a la frustración, aceptación de la dependencia, funcionamiento flexible, capacidad para acostumbrarse a la enfermedad y simpatía. En la práctica diaria, las diapositivas distinguen el modo de relacionarse con dos interlocutores:

  • Con los profesionales sanitarios: ser concreto, práctico y breve en la información; aceptar los límites del propio conocimiento; evitar el fanatismo profesional; cuidar el ego de los médicos; estar dispuesto a defender al paciente.
  • Con los pacientes: evitar la mimetización con los médicos, establecer una relación amigable, no psicologizar los síntomas, ser razonablemente optimista.

Referencias

Footnotes

  1. Matarazzo, J. D. (1980). Behavioral health and behavioral medicine: Frontiers for a new health psychology. American Psychologist, 35(9), 807-817. https://doi.org/10.1037/0003-066X.35.9.807

  2. Schwartz, G. E. y Weiss, S. M. (1978). Behavioral medicine revisited: An amended definition. Journal of Behavioral Medicine, 1(3), 249-251. https://doi.org/10.1007/BF00846677

  3. Bishop, G. D. (1994). Health psychology: Integrating mind and body. Allyn & Bacon.

  4. Ballester, R. (1996). Introducción a la psicología de la salud: Aspectos conceptuales. Promolibro.

  5. Ballester, R. (1997). La psicología de la salud: Una introducción. Promolibro.

  6. Engel, G. L. (1977). The need for a new medical model: A challenge for biomedicine. Science, 196(4286), 129-136. https://doi.org/10.1126/science.847460

  7. Bertalanffy, L. von (1968). General system theory: Foundations, development, applications. George Braziller.

  8. Organización Mundial de la Salud (1946). Constitución de la Organización Mundial de la Salud. OMS.

  9. Polaino-Lorente, A. (1987). Educación para la salud. Herder.

  10. Terris, M. (1987). Approaches to an epidemiology of health. American Journal of Public Health, 65(10), 1037-1045.

  11. Irwin, F. y Stone, G. C. (1988). The status of health psychology in the United States. En S. Maes, C. D. Spielberger, P. B. Defares e I. G. Sarason (Eds.), Topics in health psychology (pp. 25-37). Wiley.

  12. Botvin, G. J. y Scheier, L. M. (1995). Preventing drug abuse and violence. En D. K. Wilson, J. R. Rodrigue y W. C. Taylor (Eds.), Health-promoting and health-compromising behaviors among minority adolescents (pp. 55-86). American Psychological Association.

  13. Matarazzo, J. D. (1984). Behavioral health: A 1990 challenge for the health sciences professions. En J. D. Matarazzo, S. M. Weiss, J. A. Herd, N. E. Miller y S. M. Weiss (Eds.), Behavioral health: A handbook of health enhancement and disease prevention (pp. 3-40). Wiley.

  14. Harris, D. M. y Guten, S. (1979). Health-protective behavior: An exploratory study. Journal of Health and Social Behavior, 20(1), 17-29. https://doi.org/10.2307/2136475