Drogas y conductas sexuales de riesgo
Conceptualización
La Organización Mundial de la Salud define droga como «toda sustancia que introducida en un organismo vivo puede modificar una o más funciones de éste, capaz de generar dependencia caracterizada por la pulsión a tomar la sustancia de un modo continuado o periódico, a fin de obtener sus efectos y a veces, de evitar el malestar de su falta». Es posible utilizar drogas sin que el sujeto se convierta necesariamente en dependiente, pero el uso inicial puede dar lugar a situaciones de consumo continuado y a un problema de abuso que compromete la salud o el funcionamiento normal. El origen del consumo es multicausal y está fuertemente influido por el contexto sociocultural.
Las conductas sexuales de riesgo se incluyen en este mismo tema porque comparten con las conductas adictivas tres elementos: la definición de la OMS sitúa a ambas como conductas susceptibles de intervención preventiva; los adolescentes y jóvenes son la población diana; y los programas preventivos comparten arquitectura (información, factores de protección, habilidades de vida).
Patrón epidemiológico del consumo en adolescentes y jóvenes
Edad de inicio
Según el informe del Plan Nacional sobre Drogas (2021)1, la edad de inicio en el consumo se sitúa entre los 13 y los 16 años, con una tendencia estable en la evolución (incluye alcohol y tabaco). En todas las sustancias, las prevalencias aumentan con la edad. Las drogas más consumidas por los jóvenes (14-18 años) son las legales (alcohol y tabaco), seguidas del cannabis y de los hipnosedantes con o sin receta.
Diferencias por sexo
- El consumo de drogas legales está más extendido entre las mujeres.
- El consumo de todas las drogas ilegales está más extendido entre los hombres, excepto para los hipnosedantes sin receta médica.
- El cannabis es la droga ilegal más consumida: en 2021 el 31,1 % de los estudiantes había consumido alguna vez en la vida, el 26,3 % en el último año y el 18,3 % en el último mes.
Drogas legales
Alcohol
El uso de bebidas alcohólicas ha estado presente en todas las culturas a lo largo de la historia. En las sociedades industrializadas la mayor parte de la población utiliza bebidas alcohólicas, al menos ocasionalmente.
Según el informe del Plan Nacional sobre Drogas (2021), el alcohol se encuentra generalizado entre los consumidores de todas las sustancias, y casi el 80 % de la población mayor de 15 años ha tenido contacto con el alcohol: el 14,72 % declara consumir a diario, el 21,78 % al menos una vez a la semana, el 17,84 % al menos una vez al mes y el 13,91 % declara no haber consumido en el último año.
Los riesgos del consumo abusivo en una situación concreta incluyen accidentes de circulación, laborales y domésticos, violencia doméstica y de otro tipo (como agresor o como víctima), embarazos no deseados por contacto sexual no protegido e ITS. El riesgo del consumo abusivo habitual incluye cirrosis hepática, daños neurológicos irreversibles, incremento del riesgo de enfermedades cardiovasculares y de determinados tipos de cáncer (boca, laringe, faringe, esófago, páncreas, hígado y mama), problemas derivados de la adicción, exacerbación de problemas preexistentes (depresión, problemas familiares) y pérdida de empleo.
El síndrome de alcohol fetal y las consecuencias sobre el desarrollo del feto son también un foco de atención: los hijos de mujeres que toman dos bebidas al día presentan peso bajo al nacimiento, y las que ingieren cuatro bebidas a la semana presentan un ligero incremento del riesgo de aborto espontáneo.
La teoría del aprendizaje social explica el inicio del consumo por efectos gratificantes y placenteros a corto plazo, por normas personales que incorporan la bebida como elemento de la dieta o el ocio, y por aprendizaje vicario observando a otros. El consumo excesivo se explica por desinhibición y sensación de poder, ajuste al consumo de los acompañantes y reforzamiento negativo (evitación del malestar de la abstinencia).
Tabaco
El tabaco llega a Europa a finales del siglo XV y generaliza su consumo a principios del XX. Alcanza su máxima popularidad en la Primera Guerra Mundial; en los años 20 se inicia su consumo por parte de la mujer. En 1964 un informe del United States Public Health Service alertó por primera vez de sus peligros, y a partir de las campañas de salud pública (advertencias en cajetillas en 1967, anuncios en TV en 1970) la tendencia se invirtió: del 41 % de fumadores en 1965 al 25 % en 2018.
Según el informe del Plan Nacional sobre Drogas (2021), el 50 % de la población mayor de 15 años ha tenido contacto con el tabaco: el 22 % es fumador habitual, el 2,34 % ocasional, y el 24,93 % se declara exfumador. La OMS lo cataloga como enfermedad adictiva crónica.
Al inhalar el humo, el fumador se expone a:
- Nicotina: provoca efectos cardiovasculares y es fundamental en la creación y mantenimiento de la adicción. Tasa de adicción del 32 %, la más alta entre las drogas más utilizadas. Actúa sobre el SNC y activa el SN simpático; tarda 7 segundos en llegar al cerebro. Efecto de 30-40 minutos.
- Alquitrán: enorme potencial cancerígeno. El benzopireno puede provocar mutaciones en el gen p53 supresor de tumores.
- Monóxido de carbono: se combina con la hemoglobina limitando su capacidad de transportar oxígeno, lo que aumenta la densidad de la sangre.
El tabaco es causa reconocida de más de 25 enfermedades —responsable de más del 90 % de las bronquitis y del 30 % de las cardiopatías—, principal factor causante del 30 % de los cánceres (95 % de los casos de cáncer de pulmón) y primera causa evitable de muerte prematura en los países desarrollados. En España cada día fallecen 150 fumadores, el tabaco causa la muerte de la mitad de sus consumidores habituales y reduce una media de 22 años la esperanza de vida.
Las teorías sobre el tabaquismo combinan tres planos:
- Biológicas: dependencia física de la nicotina; se debate el componente genético.
- Psicológicas: teoría del aprendizaje —refuerzo positivo: no sentirse mal, mitigar la ansiedad—.
- Sociales: fumar es una actividad social; la adolescencia es el periodo clave para el desarrollo del hábito.
La dependencia del tabaco como enfermedad crónica —más una perspectiva que una teoría— reconoce que solo una minoría logra la abstinencia permanente en su primer intento, que la mayoría sigue un curso de abstinencia y recaídas, y enfatiza la importancia del counselling y el asesoramiento personal.
Drogas ilegales
Cannabis
En 2021, el 31,1 % de los estudiantes había consumido cannabis alguna vez, el 26,3 % en el último año, el 18,3 % en el último mes y el 2,0 % a diario (mayor en chicos). En los últimos años se ha observado un proceso de normalización del consumo y una baja percepción de riesgo asociada (OEDA, 2016).
Lejos de ser inocuo, el cannabis se ha asociado con deterioro de la conducción (Asbridge et al., 2012)2, problemas neuropsicológicos (Meier et al., 2012), afectivos (Moore et al., 2007), psicosis y esquizofrenia (Arseneault et al., 2002; Henquet et al., 2005), ansiedad, depresión o mayor riesgo de suicidio (Feingold et al., 2016) y problemas respiratorios o cardiovasculares (Holm y Tolstrup, 2016). Representa el 42,2 % de las urgencias hospitalarias relacionadas con drogas (OEDA, 2018).
A nivel psicosocial, los adolescentes que consumen cannabis presentan mayores dificultades para estudiar o trabajar, peor rendimiento académico, más conflictos y peleas, y prácticas sexuales de riesgo (Harper et al., 2016)3. Si la experimentación se vincula a efectos positivos entre los 14 y los 16 años, se observa un mayor riesgo de dependencia posterior y de consumo de otras drogas.
Otras drogas (cocaína, estimulantes, opioides)
- Cocaína: tendencia descendente desde 2004. En 2021, el 3,2 % la había consumido alguna vez, el 2,5 % en el último año y el 1,0 % en el último mes. Más prevalente entre hombres, mayoritariamente en polvo.
- Anfetaminas, éxtasis, alucinógenos: niveles bajos, con ligero ascenso en 2021. Éxtasis 1,6 %, anfetaminas 1,2 %, alucinógenos 1,0 % en el último año.
- Heroína: la menos consumida. 0,8 % alguna vez, 0,6 % en el último año, 0,3 % en el último mes.
Entre los predictores de consumo de Nuevas Sustancias Psicoactivas destacan: la hora de llegada a casa, el dinero disponible para salir, el consumo en el entorno, la práctica del botellón y las creencias y expectativas sobre la sustancia.
Hipnosedantes con y sin receta
Son la sustancia con mayor proporción de estudiantes consumidores después del alcohol, el tabaco y el cannabis. En 2021, el 17,9 % de los jóvenes había consumido hipnosedantes (con o sin receta) alguna vez, el 11,6 % en el último año y el 5,9 % en el último mes. El consumo es más prevalente entre las mujeres (ratio mujer/hombre = 1,5).
Conductas sexuales de riesgo
La OMS (1974)4 define la salud sexual como «la integración de los elementos somáticos, emocionales, intelectuales y sociales del ser sexual por medios que sean positivamente enriquecedores y que potencien la personalidad, la comunicación y el amor».
La sexualidad es inherente al ser humano, regulada social y culturalmente, e incluye el sexo biológico, el género, la identidad sexual, la orientación, el contexto sociocultural y las relaciones socioafectivas. El ejercicio de la sexualidad debe ser asumido como un derecho que se ejerce de forma informada, con responsabilidad y en condiciones de autonomía y equidad, sin violencia ni imposición.
Las principales consecuencias de asumir riesgos en salud sexual son los embarazos no deseados, las infecciones de transmisión sexual (ITS) y las consecuencias personales y emocionales asociadas. Cada vez los menores se inician antes en las relaciones sexuales, y entre los factores de riesgo destacan el desarrollo biológico, cognitivo y psicosocial, la influencia de la familia, los factores individuales, la presión de pares y los medios de comunicación.
Cibersexo
El uso problemático de las TIC se entrelaza con la sexualidad adolescente a través de prácticas como el sexting, la sextorsión, el grooming y la pornografía online, ya descritas en el tema sobre hábitos de vida sedentaria. Estas prácticas pueden facilitar tanto la monogamia serial —tener parejas sexuales sucesivas no simultáneas, que da una falsa seguridad— como conductas de riesgo más graves cuando se combinan con consumo de sustancias.
VIH y otras ITS
Las infecciones de transmisión sexual se contagian por relaciones sexuales (anales, vaginales u orales) y pueden ser causadas por bacterias, virus, hongos, parásitos y protozoos. La mayoría de los casos no presenta síntomas o son poco expresivos, lo que facilita la transmisión; sin tratamiento adecuado pueden aparecer complicaciones como esterilidad, embarazo extrauterino o cáncer genital.
Existen más de 30 ITS agrupables en síndromes clínicos: vulvovaginitis, uretritis, cervicitis y balanitis. Las más frecuentes son:
- Gonorrea: secreción purulenta y dolor al orinar. Síntomas entre 2 y 7 días tras el contacto. Más del 50 % de mujeres y entre 5-25 % de varones son asintomáticos.
- Clamidiasis: con frecuencia asintomática; síntomas entre 7 y 21 días.
- Sífilis: la mayoría de los casos son asintomáticos. Tras 20-40 días puede aparecer una úlcera o chancro indolora con bordes sobreelevados.
- Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH).
La percepción social del VIH/SIDA se construye históricamente sobre un gran desconocimiento de la infección, sobre la alteridad —el problema se sitúa en «el otro»—, sobre el supuesto de grupos de riesgo concretos, sobre el miedo a la infección (vías sexual, parenteral y vertical), sobre la trascendencia moral (vinculación a homosexualidad, prostitución, promiscuidad, drogas), sobre su repercusión mediática y sobre su impacto en el entorno inmediato.
Varios factores modulan la percepción y vulnerabilidad: país (recursos sanitarios disponibles), cultura (posturas respecto a drogas y sexualidad), edad (sensación de invulnerabilidad juvenil que minimiza riesgos), género (la mujer con menor poder social y económico se halla en situación de mayor vulnerabilidad), orientación sexual (estigmatización histórica), nivel de formación y religión.
Podemos prevenir las ITS —subrayan las diapositivas— usando preservativos en relaciones vaginales, anales u orales; hablando con la pareja sobre su pasado sexual y uso de drogas; realizando análisis tras prácticas de riesgo; aprendiendo a reconocer indicios y síntomas, y acudiendo al Centro de Salud o de Orientación y Planificación Familiar.
Prevención de conductas adictivas
Factores de riesgo y protección
Los factores de riesgo en el consumo se agrupan en tres niveles:
- Vinculados a la sustancia: la composición química y la capacidad adictiva (la heroína es altamente adictiva).
- Vinculados a las características del individuo: edad, baja autoestima, baja asertividad, elevada búsqueda de sensaciones, locus de control externo, falta de conformidad con las normas, escasa tolerancia a la frustración, elevada necesidad de aprobación social, dificultad para el manejo del estrés, insatisfacción con el tiempo libre, bajo aprovechamiento escolar, falta de habilidades sociales, falta de conocimientos sobre drogas, expectativas positivas sobre el consumo, falta de habilidades para tomar decisiones, actitudes favorables hacia las drogas, confusión con el sistema de valores.
- Vinculados al contexto social: microsociales (familia con baja cohesión, clima afectivo inadecuado, estilo educativo familiar, consumo familiar, falta de integración escolar, consumo en el grupo de iguales, ambiente laboral) y macrosociales (disponibilidad de drogas, actitudes sociales tolerantes, sistema de valores colectivo, falta de recursos para el ocio saludable, planificación urbanística, publicidad de drogas legales, inadecuado discurso social).
Los factores de protección son simétricos: valores positivos hacia la salud, prosociales y ético-morales; actitudes positivas hacia la salud; competencia individual para la interacción social (autoconcepto); capacidad para tomar decisiones; apego familiar, clima afectivo positivo, comunicación fluida; clima escolar y apego al contexto escolar; pertenencia a un grupo, participación comunitaria; promoción de la salud, limitación de la accesibilidad mediante leyes y generación de ocio alternativo.
Programas de prevención escolar y comunitaria
Los componentes mínimos de los programas preventivos son:
- Información sobre las consecuencias del consumo.
- Trabajo sobre las motivaciones que llevan al inicio.
- Desarrollo de habilidades sociales y de comunicación para la resolución de conflictos y la presión grupal (asertividad).
- Desarrollo de la inteligencia emocional, autoestima y autovaloración.
- Reconocimiento de las estrategias publicitarias que promueven el consumo.
- Identificación y potenciación de actividades de ocio saludables alternativas.
Las técnicas terapéuticas que apoyan el avance por los estadios del cambio de Velásquez et al. (2001)5 incluyen: psicoeducación, clarificación de valores, solución de problemas, establecimiento de metas, planificación de la prevención de recaídas, técnicas de relajación, entrenamiento en asertividad, role-playing, técnicas cognitivas, reestructuración ambiental, clarificación del rol, reforzamiento, habilidades sociales y de comunicación, clarificación de necesidades y evaluación con feedback.
A nivel comunitario, las campañas en medios de comunicación del Gobierno de España vienen abordando desde hace décadas la prevención de ITS, embarazos no deseados, consumo de tabaco, alcohol y otras drogas, la integración de personas con ITS y el fomento de estilos de vida saludables.