Saltar al contenido principal

Estrés y salud

Conceptualización

El estrés se ha popularizado hasta formar parte de la cultura cotidiana como un fenómeno con implicaciones psicológicas peligrosas para la salud, asociado a expresiones como estrés laboral, estrés postraumático, estrés familiar, estrés hospitalario o estrés quirúrgico. Los planteamientos actuales están fuertemente psicologizados, aunque mantienen sus fundamentos biológicos.

Las diapositivas advierten que la palabra se usa, al menos, en tres sentidos distintos: como un tipo de respuesta del organismo, como la situación en la que nos encontramos y para referirnos al modo en que percibimos esa situación. Esta polisemia explica buena parte de las dificultades conceptuales del campo y justifica que los modelos contemporáneos integren los tres planos.

Conviene distinguir el estrés de la ansiedad: aunque los cambios fisiológicos son similares, el estrés se refiere a los cambios ante una sobre-exigencia del medio y surge por factores externos, mientras que la ansiedad se refiere a los cambios ante una situación amenazante (más o menos probable) y nace de factores internos. La ansiedad es «exceso de futuro»; el estrés, «exceso de presente». Los síntomas de la ansiedad tienden a prevalecer; los del estrés desaparecen cuando finaliza la situación.

Concepto de estrés

El estrés como respuesta, como situación y como interpretación

Las tres acepciones del estrés se corresponden, históricamente, con las grandes tradiciones teóricas:

  • Como respuesta del organismo: Selye y la tradición fisiológica.
  • Como situación o estímulo: los enfoques basados en sucesos vitales (Holmes y Rahe).
  • Como interpretación cognitiva: la perspectiva transaccional de Lazarus y Folkman.

Definición de Baum (1990) y de la OMS (1994)

Baum (1990)1 propone una definición sintética y operativa: el estrés es una «experiencia emocional negativa acompañada de cambios bioquímicos, fisiológicos, cognitivos y conductuales predictibles, dirigidos a alterar el evento estresante o a acomodarse a sus efectos».

La OMS (1994)2 lo describe como las «reacciones fisiológicas que en su conjunto preparan al organismo para la acción»: aumento de la frecuencia cardiaca y respiratoria, presión arterial y tensión muscular, mayor atención, e inhibición de la respuesta sexual, de la micción y del sistema digestivo, mediado por catecolaminas (adrenalina, noradrenalina, dopamina). Su origen filogenético es la respuesta instintiva animal de ataque/huida.

Principales teorías acerca del estrés

Cannon (1932): reacción lucha-huida

Walter Cannon (1932)3 formula la respuesta de lucha o huida (fight or flight). Estudia la activación del sistema nervioso simpático y la secreción de catecolaminas —adrenalina, fundamentalmente—, que provocan incremento de la frecuencia cardíaca, presión arterial, ritmo respiratorio y flujo de sangre a los músculos, y disminución del flujo cutáneo. Distingue dos vías centrales:

  • Corteza cerebral: procesos sofisticados de pensamiento (miedo).
  • Tálamo: cambios fisiológicos inespecíficos.

Subraya el carácter adaptativo y, a la vez, dañino de esta respuesta, especialmente en estrés prolongado. Introduce el concepto de homeostasis como proceso fisiológico coordinado que mantiene estables las funciones del organismo, siendo el sistema nervioso simpático el sistema homeostático esencial.

Modelo de Selye: síndrome general de adaptación

Hans Selye (1936, 1974, 1982)4 estudia con ratas sometidas a estresores prolongados (fatiga, frío) y descubre un grupo predecible de síntomas. Acuña la noción de Síndrome General de Adaptación (SAG) —respuesta adaptativa del organismo ante los estresores y demandas del entorno— y define el estrés en términos fisiológicos como «una respuesta inespecífica del cuerpo a cualquier demanda»: el cuerpo responde de manera similar sea cual sea la fuente.

Selye distingue eustress (estrés «bueno», nivel de activación óptimo) y distress (estrés «malo», excesivo o sostenido). Una de sus tesis más célebres: «cierta cantidad de estrés es esencial para la vida; la total liberación del estrés es la muerte» (1980). El SAG se desarrolla en tres fases:

  1. Alarma: movilización inicial; el organismo desarrolla alteraciones fisiológicas (activación del SNS) que lo predisponen para enfrentarse a la amenaza. Es una fase corta.
  2. Resistencia: adaptación a la situación estresante mediante procesos fisiológicos, cognitivos, emocionales y comportamentales. Pueden aparecer efectos perjudiciales menores: disminución de la resistencia general, del rendimiento y de la tolerancia a la frustración, junto con trastornos fisiológicos y psicosomáticos.
  3. Agotamiento o extenuación: si la fase de resistencia fracasa, el cuerpo agota sus recursos. Aparecen las enfermedades de adaptación y los trastornos tienden a ser crónicos y, a veces, irreversibles.

Críticas al SAG:

  • Papel limitado atribuido a los factores psicológicos.
  • Concepción del estrés como efecto y no como proceso.
  • Hoy se sabe que distintos estresores producen distintas respuestas endocrinas: no hay una respuesta hormonal general a todo estímulo (Mason, 1968; Lazarus, 1980).

Modelo transaccional de Lazarus y Folkman

Lazarus y Folkman (1984)5 formulan el Modelo Transaccional del estrés. Sus tesis nucleares:

  • El estrés es el resultado de una transacción entre persona y ambiente.
  • El estrés es proceso, no efecto. No pertenece a la persona ni al entorno; tampoco es estímulo ni respuesta.
  • Existe variabilidad individual ante un mismo estresor.
  • Los factores cognitivos modulan la respuesta de estrés: el estrés es resultado de la interpretación cognitiva que la persona realiza de los acontecimientos potencialmente estresantes.

El estrés se produce cuando la persona valora lo que sucede como algo que supera los recursos con los que cuenta y pone en peligro su bienestar personal. Ante una situación, realiza tres evaluaciones:

  • Valoración primaria: evaluación inicial de la amenaza. La persona clasifica el factor como benigno-positivo («es fácil»), irrelevante o estresante («es difícil»), y, en este último caso, como desafío (respuesta positiva), amenaza (daño futuro) o daño/pérdida (ya experimentado).
  • Valoración secundaria: evaluación de los recursos propios y opciones para afrontar la situación. «¿Tengo la capacidad para lidiar con esto?». Los pensamientos influyen en las emociones y viceversa.
  • Reevaluación: a medida que se obtiene nueva información, la valoración se va modificando.

Zajonc (1984) cuestiona la primacía de la valoración cognitiva sobre la emoción; Lazarus contra-argumenta que la valoración primaria siempre existe, aunque no se dé de manera deliberada.

Psicofisiología del estrés

Los cambios fisiológicos y psicológicos del estrés están mediados por dos sistemas:

Sistema nervioso autónomo (rama simpática y parasimpática)

  • Simpático: activa el organismo ante el estrés con rapidez e intensidad. Aumenta la actividad de la glándula suprarrenal, que libera catecolaminas.
  • Parasimpático: inhibe el organismo ante el estrés.

Las catecolaminas son un grupo de hormonas que se liberan ante estrés físico o emocional —adrenalina (epinefrina), noradrenalina (norepinefrina) y dopamina—. Actúan a muy corto plazo (vida media de unos 2 minutos). La adrenalina aumenta la frecuencia cardíaca, contrae los vasos sanguíneos, dilata las vías aéreas y las pupilas; la noradrenalina aumenta la frecuencia cardíaca, libera glucosa, aumenta el suministro de oxígeno y mantiene la atención inhibiendo el sueño.

Eje hipotalámico-hipofisario-suprarrenal (HHS)

Si el estímulo estresante no se ha extinguido, el hipotálamo envía señal a la hipófisis, que libera ACTH. La ACTH viaja por sangre hasta las glándulas adrenales, que liberan cortisol. Esta vía es más lenta, de efectos más duraderos y requiere exposición prolongada. Los glucocorticoides, junto con la adrenalina y noradrenalina, explican gran parte de la respuesta de estrés.

Catecolaminas y cortisol

El cortisol incrementa el nivel de azúcar en sangre, repone grasas, proteínas y carbohidratos, y suprime el sistema inmune. Es necesario para hacer frente a situaciones puntuales, pero a largo plazo tiene consecuencias negativas. En general, todos los agentes estresantes implican cambios en glucocorticoides y SNS; la velocidad y magnitud varía según el estresor, y el HHS es más lento que el SNS.

Estrés y enfermedad

Es preciso distinguir entre estrés agudo (corto plazo) y estrés crónico (largo plazo). Ambos conviven habitualmente y mantienen una relación intrínseca: el crónico desgasta los sistemas fisiológicos y el agudo puede precipitar un accidente cardiovascular en personas con estrés crónico. Ambos propician cambios negativos en las conductas y hábitos de salud.

Carga alostática

El concepto de carga alostática, propuesto por McEwen y Stellar (1993)6, designa el desgaste que acumula el organismo cuando se expone a estrés crónico. La alostasis es la respuesta de los sistemas fisiológicos para recuperarse del estado de estrés evitando daños. Con el tiempo, la recuperación es más incompleta y el desgaste, progresivo: cuando la carga alostática es alta, un nuevo estresor puede ser suficiente para desencadenar la enfermedad.

Las afectaciones más frecuentes son:

  • Sistema inmunitario: bajan las defensas; vulnerabilidad a infecciones, caída de pelo, rotura de uñas, sequedad de piel, herpes.
  • Sistema cardiovascular: enfermedades coronarias, infartos.
  • Sistema gastrointestinal: problemas de estómago, alteración de la flora intestinal, colon irritable.
  • Sistema respiratorio: asma bronquial, hiperventilación.
  • Síntomas: dolores de cabeza, irritabilidad, problemas de atención, concentración y memoria, insomnio, apetito alterado, contracturas musculares.

Vulnerabilidades psicofisiológicas: personalidades tipo A, C y R

Las diapositivas describen tres patrones de personalidad asociados a respuestas diferenciales al estrés:

  • Personalidad tipo A («controlador»): gran competitividad, prisa, impaciencia, sobrecarga laboral, excesiva preocupación por el rendimiento, excesivo sentido de la responsabilidad y hostilidad. Se vincula con enfermedad cardiovascular.
  • Personalidad tipo C («dependiente emocional»): nula asertividad, anteponer a los demás, sacrificar el propio bienestar, no expresar el malestar, temer molestar o ser rechazado, preocupación constante por el bienestar ajeno. Se vincula con enfermedades infecciosas y cáncer.
  • Personalidad tipo R («resistente»): alta resiliencia, realismo y optimismo, buena seguridad y autoestima, alta asertividad, buena resolución de conflictos. Actúa como protector de la salud.

Estresores

Los estresores pueden clasificarse según varios criterios.

Clasificación temporal

  • Agudos: son puntuales, duran un tiempo determinado y luego pasan.
  • Crónicos: la vida transcurre con ese estresor; lo más probable es que la persona deba cargar con él.
  • Crónicos intermitentes: están siempre presentes pero solo aparecen en ocasiones.
  • Secuenciales: cosas que van apareciendo intermitentemente, vinculadas a un mismo fenómeno.

Clasificación por severidad

  • Cambio mayor colectivo: estresor reconocido colectivamente como tal.
  • Cambio mayor individual: cambios vitales significativos.
  • Contrariedades (hassles): demandan atención pero no afectan estructuralmente a la vida.

Clasificación mixta

  • Macroestresores: efecto que tiene sobre una persona particular un cambio mayor colectivo.
  • Trauma: estresor agudo muy severo que puede arrastrar estresores crónicos.
  • Transiciones: procesos de cambio vital ligados a la edad.
  • Contrariedades y unevents (no acontecimientos, aburrimiento, falta de estimulación).
  • Cambio vital: cambios importantes no necesariamente ligados a la edad.

Holmes y Rahe (1967): eventos vitales estresantes

La Escala de Eventos Vitales Estresantes de Holmes y Rahe (1967)7 inauguró la tradición de los sucesos vitales como predictores de enfermedad. Las limitaciones señaladas en las diapositivas son numerosas: no tiene en cuenta diferencias individuales en la valoración, presenta a los seres humanos como criaturas pasivas, no considera cómo se resolvieron los eventos, ignora los estresores cotidianos y crónicos, mezcla eventos negativos y positivos (que uno elige), e investigaciones posteriores no apoyan que los acontecimientos positivos merman la salud (Lefcourt et al., 1981).

Afrontamiento del estrés

El afrontamientocoping— se define, siguiendo a Lazarus y Launier (1978)8, como «realizar esfuerzos tanto orientados a la acción como intrapsíquicos para manejar (dominar, tolerar, reducir o minimizar) las demandas ambientales o internas, así como los conflictos entre ellas». Cada persona tiene una manera propia de afrontar el estrés, y las estrategias eficaces durante un tiempo o ante una situación pueden dejar de serlo. La capacidad de afrontamiento depende de recursos físicos, sociales, psicológicos y materiales: estado de salud o energía, creencias positivas, capacidad de resolución de problemas, habilidades sociales, motivación, apoyo social y recursos materiales.

Antecedentes mediadores

Entre las variables disposicionales que modulan el afrontamiento, las diapositivas listan: optimismo, locus de control, patrón tipo A, hostilidad, autocomplejidad, autoestima, firmeza, sentido de coherencia, alexitimia e impulsividad. El apoyo social se analiza desde tres dimensiones —cantidad/frecuencia, producto de la red social y contenido— y tres niveles: comunitario, socio-personal e íntimo.

Estrategias centradas en el problema y en la emoción

Las estrategias suelen agruparse, siguiendo la tradición de Lazarus y Folkman, en dos grandes orientaciones: las dirigidas al problema (intervenir sobre la situación) y las dirigidas a la emoción (regular el malestar). En la práctica, ambas orientaciones se complementan según la controlabilidad del estresor.

Técnicas para el manejo del estrés

Las diapositivas agrupan las estrategias psicológicas en tres bloques:

  • Fisiológicas: respiración, relajación, entrenamiento autógeno.
  • Cognitivas: detención del pensamiento, reestructuración cognitiva, autoinstrucciones, inoculación del estrés.
  • Conductuales: asertividad, toma de decisiones, manejo del tiempo, promoción del ejercicio físico.

A nivel de estilo de vida, las diapositivas recomiendan aprender a equilibrar la vida, limitar el consumo de alcohol, establecer prioridades, aprender a delegar, tomarse tiempo libre, hacer ejercicio, seguir una alimentación equilibrada, desarrollar intereses ajenos al trabajo, compartir los pensamientos negativos, reconsiderar la necesidad de perfeccionismo y entrenar estrategias dirigidas a desarrollar una personalidad resistente.

Referencias

Footnotes

  1. Baum, A. (1990). Stress, intrusive imagery, and chronic distress. Health Psychology, 9(6), 653-675. https://doi.org/10.1037/0278-6133.9.6.653

  2. Organización Mundial de la Salud (1994). La salud de los trabajadores. OMS.

  3. Cannon, W. B. (1932). The wisdom of the body. W. W. Norton.

  4. Selye, H. (1936). A syndrome produced by diverse nocuous agents. Nature, 138, 32. https://doi.org/10.1038/138032a0

  5. Lazarus, R. S. y Folkman, S. (1984). Stress, appraisal, and coping. Springer.

  6. McEwen, B. S. y Stellar, E. (1993). Stress and the individual: Mechanisms leading to disease. Archives of Internal Medicine, 153(18), 2093-2101. https://doi.org/10.1001/archinte.1993.00410180039004

  7. Holmes, T. H. y Rahe, R. H. (1967). The Social Readjustment Rating Scale. Journal of Psychosomatic Research, 11(2), 213-218. https://doi.org/10.1016/0022-3999(67)90010-4

  8. Lazarus, R. S. y Launier, R. (1978). Stress-related transactions between person and environment. En L. A. Pervin y M. Lewis (Eds.), Perspectives in interactional psychology (pp. 287-327). Plenum.